María Cecilia Villegas
El Comercio, 23 de marzo del 2026
“Los peruanos tenemos una urgencia, incentivar la inversión privada, retomar el crecimiento e impulsar una reforma del Estado”.
En 1990, el Perú era un país fallido. Sumido en una crisis hiperinflacionaria y amenazado por dos grupos terroristas, Sendero Luminoso y el MRTA, que habían tomado el control de territorios y amenazado la vida de todos los peruanos. Enfrentados al abismo, iniciamos un período de durísimo ajuste fiscal y de reformas económicas que culminarían en el capítulo económico de la Constitución de 1993. En paralelo, pacificamos el país, ganándole la guerra al terrorismo y lo que siguió fueron más de dos décadas de espectacular crecimiento económico y reducción de pobreza. Este período se conoce como el “milagro económico peruano”.
Luego llegaría un ciclo de inestabilidad política, ralentización del crecimiento económico y la pandemia del COVID-19, que terminó con un aumento importante de pobreza y mayor inestabilidad política.
Frente a esta realidad, Roberto Chang y yo decidimos escribir sobre los 10 números que explicarían mejor lo que había sucedido en el Perú en los últimos 30 años. Cuáles fueron las políticas públicas que funcionaron y que generaron el milagro económico, pero sobre todo qué falló. Así nació “Los 10 números que todo peruano debe conocer”. Un libro que busca explicar algo que todos los peruanos debemos entender: por qué debemos involucrarnos en el desarrollo de nuestro país.
Los 10 números demuestran que el “modelo peruano” logró asegurar la estabilidad macroeconómica y financiera, impulsando fuerte y sostenidamente la inversión privada y el crecimiento de la economía. La independencia del BCR y la estabilidad fiscal han sido fundamentales. Como también que la Constitución de 1993 estableciera que el rol del Estado en la economía es subsidiario, esto es que el Estado no puede actuar como empresario en actividades que podrían ser asumidas por el sector privado. Esto porque las empresas públicas fueron responsables de una parte significativa de los déficits fiscales de los años ochenta. Empresas como Petro-Perú o Sedapal. Y esta discusión es hoy es crucial cuando el gobierno de Balcázar ha retrocedido en la reorganización de Petro-Perú y ha propuesto un nuevo rescate de S/500 millones, luego de que, tal como ha señalado Carlos Paredes, entre el 2022 y el 2025 la petrolera estatal ha perdido más de US$2.500 millones.
En los últimos años, hemos debilitado la estabilidad macroeconómica. Tanto el Ejecutivo como el Congreso han aprobado leyes que socavan nuestra sostenibilidad macroeconómica: aumentos en el gasto público y la proliferación de exoneraciones tributarias mercantilistas que ponen en riesgo nuestra principal fortaleza. Esto ha ocurrido pese a que el Congreso no tiene iniciativa de gasto público. La semana pasada, por ejemplo, el Congreso aprobó por insistencia la ley que aumenta la pensión a los maestros jubilados y cesantes.
La realidad es que nuestros recursos que deberían estar destinados a reducir pobreza, mejorar la calidad de educación y salud, se pierden en corrupción, obras paralizadas y en dinero que pierde valor cada año al quedarse en las cuentas del Estado sin ser utilizado como debería. Porque, pese al milagro económico, hoy 82% de los estudiantes de segundo de secundaria no entiende lo que lee, el 51% de los hogares no tiene acceso a servicios básicos y el 98% de los establecimientos de salud de primer nivel tiene una capacidad instalada inadecuada.
Los peruanos tenemos una urgencia, incentivar la inversión privada, retomar el crecimiento e impulsar una reforma del Estado. Porque, como hemos demostrado en los 10 números, el crecimiento económico es el remedio más potente contra la pobreza, pero sin gestión pública adecuada no lograremos mejorar la calidad de vida de los peruanos.






