Luis Carranza
Perú21, 17 de mayo del 2026
«No hay un país con un IDH bajo y PBI per cápita alto; de otro lado, tampoco tenemos un país con IDH alto y PBI per cápita bajo”.
En el debate político reciente está en discusión cuál debería ser la prioridad, si el crecimiento económico o el desarrollo humano. En líneas generales, para los representantes de la derecha hay que garantizar el crecimiento económico y eso causa el desarrollo humano. Para los representantes de la izquierda, eso es el efecto “chorreo” que no funciona. Para ellos hay que repartir bonos, subir sueldos y contratar gente en el sector público para mejorar el desarrollo humano, y eso nos dará aumento de demanda; y si protegemos a nuestras empresas peruanas, eso nos dará crecimiento y aumento del empleo.
Ambas posiciones están equivocadas. No hay causalidad de un lado al otro, hay causalidad en ambos sentidos. Hay que entender que la evolución del sistema económico y la evolución del sistema social tienen importantes interrelaciones. Antes de entrar a la discusión teórica, veamos los datos. En el gráfico 1 podemos ver la relación entre el PBI per cápita de los países en el año 2023 y el índice de desarrollo humano (IDH) de Naciones Unidas (1). Claramente, hay una relación positiva. No hay un país con un IDH bajo y PBI per cápita alto; de otro lado, tampoco tenemos un país con IDH alto y PBI per cápita bajo.
Ahora bien, desde la revolución científica sabemos que alta correlación no implica necesariamente causalidad. Así que debemos indagar cómo se interrelaciona la parte económica con la parte social. Gracias a Dios tenemos una larga teoría económica que discute esto (2).

Del lado del crecimiento económico tenemos que la inversión privada genera empleo y este empleo genera mejores condiciones de salud, educación e ingresos para la población. Esto es lo que las posiciones de izquierda llaman despectivamente efecto “chorreo”. No siendo menor puede ser insuficiente. Si la desigualdad se incrementa o sigue siendo alta, la posibilidad de conflictividad social aumenta y, si se materializa, tendrá impacto negativo sobre productividad e inversión (por cambio en las políticas, mayor incertidumbre, paralizaciones de grandes proyectos, entre otros factores). Entonces, si el crecimiento no te lleva a mejoras sustanciales en el desarrollo humano y reducción de desigualdad, el crecimiento se frenará.
Por otro lado, mejoras en la calidad de educación y salud, pero sin incentivos a la inversión te llevarán temporalmente a mejoras en el IDH, pero el estancamiento del crecimiento económico hará imposible que se generen los ingresos fiscales para seguir apoyando la mejora en estos indicadores. En esa misma línea, utilizar los ingresos fiscales para dar bonos y hacer contrataciones públicas solo generan una mejora temporal en la redistribución, pero a costa de un forado fiscal que luego te pasa factura a través de alto endeudamiento, alta inflación y mayores costos financieros para invertir, lo cual desincentiva la inversión y afecta negativamente el crecimiento.
Lo importante es que hay que entender que hay políticas que promueven el crecimiento económico (basado en productividad y no en proteccionismo) y hay políticas que promueven el desarrollo humano con mejoras en la educación y la salud de las personas. Asimismo, esta mejora en el capital humano apuntalará el crecimiento económico en el largo plazo.
Desde la izquierda se está en contra de la inversión en minería formal. Gracias a esta visión retrógrada, se postergaron o cancelaron grandes proyectos mineros en Cajamarca y hoy es la región más pobre del Perú.
En el otro extremo está el distrito de Challhuahuacho, en Apurímac, que gracias a la inversión minera logró pasar de un IDH de 0.22 en 2010 a 0.62 en 2024. Un aumento de casi tres veces gracias a la inversión minera. ¿Dónde hay otro caso de esa magnitud? Entonces, si queremos mejorar el desarrollo humano, incentivemos la inversión minera y no la frenemos.
La visión absurda de poner altos impuestos y excesos regulatorios innecesarios llevó a que la explotación petrolera en Loreto colapsara y esté por debajo del 10% de su potencial. Ha sido la región que menos ha crecido los últimos 30 años y es la segunda más pobre del Perú. Pero si vemos el distrito de Puinahua, que es donde está operando el lote 95, el IDH pasó de 0.29 en 2015 a 0.45 en 2024. Un aumento importante gracias a la actividad petrolera.
El tema no es discutir qué viene primero, si el crecimiento o el desarrollo, el tema es entender que están interrelacionados y que hay unas buenas políticas que promueven el crecimiento y otras políticas que promueven el desarrollo.
Si eso hubiésemos entendido los peruanos en 2011, habríamos implementado estas políticas para crecer al 7% como promedio anual (que era el promedio que teníamos) y hubiéramos logrado un PBI per cápita de más del doble que tenemos actualmente, similar al que tienen Chile o Uruguay (ver gráfico 2). Pero tendríamos que haber implementado también buenas políticas sociales para mejorar la educación, la salud y la infraestructura. Con esa combinación de políticas, casi 7 millones estarían fuera de la pobreza y el IDH estaría cercano a 0.878 (como Chile ahora) y no en 0.794, que es el que tenemos realmente.
Nuestro país tiene que salir de la discusión ideológica y debemos hacer las cosas que necesitamos para crecer y prosperar todos juntos. El Perú sí tiene futuro si los peruanos nos ponemos de acuerdo.

1. El Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas incluye la calidad de la salud, la educación y los ingresos promedios de la población.
2. Ver por ejemplo mi reciente libro El Perú sí tiene futuro (2024), USMP, en especial la última parte llamada “La ruta a la prosperidad”.






