Iván Arenas
Perú21, 17 de abril del 2026
«En los últimos años, se han organizado algunos mitos alrededor de la política con tal de darle forma, de darle racionalidad, de interpretar adecuadamente los fenómenos sociales».
Mitos y política. Ambas caminan de la mano. De hecho, no hay política sin mitos. En los últimos años, se han organizado algunos mitos alrededor de la política con tal de darle forma, de darle racionalidad, de interpretar adecuadamente los fenómenos sociales. Pero los recientes resultados de las elecciones presidenciales esfuman algunos mitos que han funcionado. Aquí van algunos.
“El sur es rojo”. No. El sur no es rojo, no es comunista. De hecho, tampoco podemos hablar de la unidad del sur. No hay un sur unificado, ni social ni económicamente. Hay varios rostros de ese sur. Hay un sur costeño, un sur andino. Un sur alrededor de Arequipa, otro sobre Cusco y uno sobre Puno. Hay un sur “amarrado” al Mantaro hacia La Convención. Pero el sur no es rojo. Será comunitarista, pero no comunista. Es rural con un pie en lo urbano. Vota por Sánchez, no por ser rojo, sino por representar una parte de la rabia contra la política en general. No vota por ser “castillista”. Pero vota también por Belmont.
“Puno es anti-Lima”. Otro mito. No es que Puno sea “anti-Lima”. Ha votado masivamente por un “limeño mazamorrero” como Belmont, hijo de las familias bien de Lima, representante de los más castizo de la política nacional. No es que Puno sea antilimeña. Es opositor a una parte de Lima. La cara política centralista de Lima. Puno vota contra una parte de Lima, pero no contra su totalidad. Hay puneños triunfando en esa Lima. La conquista de la ruralidad en lo urbano.
La sociedad gira a la derecha. La sociedad no se reconoce en la derecha. Tampoco en la izquierda. Hay conductas que —en imágenes— equivalen a la derecha o a la izquierda. Por ejemplo, la imagen de Chávez o Maduro, la migración-diáspora venezolana, la falta de petróleo en Bolivia, la dureza del sol peruano frente al peso. Sobre esas imágenes, la sociedad —ante una encuesta— toma posición. Pero no es que la sociedad se reconozca en la izquierda o derecha ideológica. La sociedad se reconoce en imágenes. Algunas de ellas son imágenes reivindicativas históricas, otras son demandas puntuales, otras son aspiracionales. Los jóvenes “coneros”, como se les conoce peyorativamente, son ideológicamente más cercanos a la modernidad de Miraflores o de San Isidro o la contracultural Barranco, que a la de sus barrios “en vías a la modernidad” sin agua, sin veredas; es decir, sin Estado moderno.
“Hay una izquierda popular y una derecha popular”. No hay ninguna izquierda popular, tampoco una derecha popular. No hay un ente, un fantasma (ideológico) que se apodera y encarna en una determinada sociedad. Eso es idealismo. Es como el que cree que nació en un cuerpo equivocado. Considera que hay un alma de hombre que se apodera de un cuerpo de mujer o viceversa. Lo popular es conservador. Otra vez: lo conservador no es un criterio político o ideológico; es una categoría sociológica/antropológica. Aquí se utiliza como un adjetivo político.






