Iván Arenas
El Comercio, 21 de abril del 2026
“Las sociedades emergentes y populares siempre apoyan electoralmente proyectos antiestablishment”.
Los resultados de las elecciones presidenciales vienen dejando consternados, confundidos y sin piso a varios politólogos y analistas sociales que –con sus interpretaciones– pretenden descifrar lo que hay en la sociología nacional. Los resultados electorales han liquidado algunas aproximaciones y jubilado otros análisis.
Hay un país que va más allá del eje de izquierda y derecha; sin embargo, se persiste en analizar a ese mismo país bajo esa misma polarización. No obstante –como vale repetir–, en el Perú los fenómenos sociales y políticos son inexplicables bajo esas clásicas coordenadas. Otros cientistas sociales y analistas –más temerarios aún– intentan explicar los resultados electorales organizando una nueva polarización: revanchistas contra institucionalistas; atrevimiento que supera todo límite.
Pero la polarización de izquierda y derecha ya no es fiable para analizar a un país de sociedades emergentes y populares como la peruana. ¿Cómo es que las sociedades capitalistas del sur votan todavía por el proyecto socialista de Sánchez? ¿Por qué Puno, Juliaca o Cusco votan por Belmont, una figura que representa todo lo que los puneños o cusqueños –supuestamente– rechazan? Hay fenómenos sociales y políticos que son inexplicables bajo esa clásica distinción.
Quizá entonces el error de algunos politólogos o analistas políticos sea considerar que tanto izquierda como derecha son esencias políticas universales e inalterables; y que es la sociedad la que se debe acomodar a esas lecturas. Esas identidades políticas serían como fantasmas o espíritus que vagan esperando encarnarse o tomar posesión de una parte de la sociedad. De allí entonces se nos dice que “la sociedad se derechiza” o que existiría una “izquierda popular” frente a una “derecha elitista”. Antauro Humala, más excéntrico aún, nos dice que hay una “derecha pizarrista” y una “izquierda almagrista”; es decir, que Pizarro fue de derecha y Almagro de izquierda.
¿Y entonces, qué hacemos? Nos toca desarrollar aproximaciones y análisis sobre la sociología nacional. En otras palabras: analizar, en primer término y de manera objetiva, la sociología nacional, sobre todo las sociedades emergentes y populares. Allí entonces existen instituciones que no son sino redes de competencia y colaboración, que organizan a estas sociedades. Tradiciones, familia, religiosidad, jerarquías, comunitarismo, sentido del orden (la mano dura), un capitalismo salvaje, entre lo informal y lo ilegal, entre otros. A todo lo anterior le podríamos denominar instituciones populares/conservadoras. Pero –ojo– no son “conservadoras” en el sentido político o ideológico, sino en el sentido sociológico/antropológico.
Por eso Puno, Huancayo o Apurímac, regiones que son inexplicables sin el mercado y la familia, votan por Roberto Sánchez o el mismo Pedro Castillo, proyectos socialistas que van a contramarcha de sus intereses más profundos. Lo que sucede, todo indica, es que estas sociedades emergentes y populares se constituyen políticamente siempre contra un orden establecido, orden en el que ellos “no pertenecen”. El minero informal/ilegal vota por más Reinfo y el joven ‘millennial’ no se reconoce en el mal llamado “pacto mafioso”.
Si uno observa detenidamente verá que estas sociedades emergentes y populares siempre apoyan electoralmente proyectos antiestablishment. Miren al primer Fujimori y hasta a Pedro Castillo. Las sociedades emergentes y populares son conservadoras sociológicamente, pero políticamente puede apoyar proyectos electorales de cualquier tinte ideológico, siempre que alguna de ellas vaya contra el establishment. El problema no es la izquierda, no es la derecha; el problema está en aproximarse de manera objetiva y sin anteojeras ideológicas a esas sociedades que siempre buscarán una representación política y electoral.






