Gustavo Alva
Gestión, 21 de abril del 2026
«El empleo crece, pero no necesariamente en la dirección en la que las personas están siendo preparadas»
El crecimiento del empleo en el Perú convive hoy con una realidad incómoda: cada vez es más difícil para las industrias encontrar el talento que necesitan. Mientras se proyecta la creación de más de 425,000 nuevos puestos de trabajo durante este 2026, según la última Encuesta de Demanda Ocupacional (EDO), miles de empresas siguen teniendo dificultades para cubrirlos. No es un problema de escasez de oportunidades, sino de falta de perfiles que respondan a lo que hoy realmente se necesita.
En la práctica, el principal freno para muchas empresas ya no es la demanda ni la inversión, sino la disponibilidad de talento. Actualmente, el país necesita formar alrededor de 300,000 técnicos cada año; sin embargo, el sistema educativo solo logra cubrir cerca de 100,000. Como resultado, se mantiene una brecha superior a los 200,000 profesionales técnicos, especialmente en sectores como manufactura, construcción, minería, transporte y tecnología.
Esta desconexión también se refleja en las cifras. Según el INEI, el empleo en Lima Metropolitana creció alrededor de 5% entre fines del 2025 e inicios del 2026. No obstante, el desempleo se mantiene en torno al 6.3% y más de 380,000 personas siguen buscando trabajo. Es decir, el empleo crece, pero no necesariamente en la dirección en la que las personas están siendo preparadas.
El problema se vuelve aún más evidente cuando se mira desde el lado empresarial. Siete de cada diez empresas en el país reconocen que tienen dificultades para encontrar talento adecuado. En el caso de perfiles vinculados a tecnología, la cifra es incluso mayor. Esto explica por qué muchas posiciones técnicas, sobre todo en áreas operativas, permanecen abiertas durante meses.
Esto retrasa proyectos, aumentan los costos y los procesos de modernización avanzan más lento de lo esperado. Lo que está en juego no es solo la empleabilidad, sino la productividad del país. Cuando no hay personas capacitadas para ejecutar, el crecimiento simplemente se frena.
Por otro lado, aunque esta escasez de talento es una tendencia global (más del 70% de empresas en el mundo reporta dificultades para cubrir vacantes según Manpowergroup), en el Perú el problema tiene un componente adicional: la desconexión histórica entre la formación y el mercado laboral.
Durante años, se instaló la idea de que el camino al desarrollo pasaba casi exclusivamente por la educación universitaria mientras que la formación técnica quedó en un segundo plano. Hoy estamos viendo las consecuencias: jóvenes que no consiguen empleo en lo que estudiaron y empresas que no encuentran a quién contratar.
Lo cierto es que el mercado ya cambió. Las mayores oportunidades están en ocupaciones que requieren conocimiento aplicado, habilidades prácticas y capacidad de adaptación, desde operar maquinaria especializada hasta gestionar procesos logísticos o implementar tecnología en entornos productivos.
Por ello, la formación técnica ha dejado de ser una alternativa para convertirse en una pieza importante del desarrollo. Pero el reto no es solo formar más técnicos, sino formarlos mejor. Eso implica programas actualizados, mayor conexión con la industria y una apuesta decidida por incorporar tecnología en la enseñanza. También supone desarrollar habilidades que hoy son igual de importantes que lo técnico: adaptarse, comunicarse y resolver problemas.
De cara al 2030, el desafío es bastante claro. Si no logramos alinear la formación con la demanda real del mercado, el crecimiento proyectado podría quedarse corto. No porque falten oportunidades, sino porque no habrá suficiente talento preparado para aprovecharlas.






