Fernando Calmell Del Solar
Expreso, 14 de abril del 2026
«Esperemos que el JNE haga valer el voto de los peruanos. Que todos aquellos que han tratado de manipular de manera fraudulenta esta elección vayan presos. Y que nuestro país, de una vez por todas, dé los primeros pasos para ese cambio de ciclo que es sinónimo de libertad, desarrollo y de una declaración de guerra contra a mafia que ha corrompido y dominado el Perú en los últimos 25 años»
Hablemos de una realidad, que es más real que nunca antes. El club caviar, la mafia caviar, la asociación ilícita caviar o como la quieran llamar, ha cruzado la frontera de la decencia, ha violado todos los principios democráticos y ha tratado de manipular al electorado de forma burda y vergonzosa. Para hacernos una idea de la magnitud de esta especie de atentado electoral, el JNE ha denunciado penalmente a Piero Corvetto, el jefe de la ONPE, y a otros funcionarios por delitos contra el derecho de sufragio, omisión o demora de actos funcionales y obstaculización del normal desarrollo de las elecciones.
Vamos directo al hueso. El señor Corvetto ha utilizado el método chavista llamado Morocoy, que consiste en: retrasar la apertura de mesas y que existan problemas de conexión… o sea, lo que pasó ayer. Material que no llegaba, mesas que no abrían y caída del sistema de conectividad y, por supuesto, la grosera demora en el conteo de votos. Todo esto para evitar que los electores voten por cansancio y con ello aumentar el ausentismo, justamente en los bolsones electorales de sus enemigos políticos… en este caso, a los electores del sur de Lima, bolsón principal de Rafael López Aliaga.
La denuncia penal es muy clara: “Esta negligencia técnica no constituye un error administrativo fortuito, sino una quiebra del deber de diligencia en la gestión de plataformas tecnológicas, cuya estabilidad debió ser garantizada mediante pruebas de estrés y protocolos de redundancia que el denunciado omitió implementar o supervisar de manera eficaz”.
Cuento corto: la ONPE ha actuado para facilitar la implementación de un fraude evidente y repugnante.
¿Cómo sí pudieron llegar las actas hasta los lugares más recónditos del Perú y al extranjero, pero a los distritos más cercanos al almacén de la ONPE no? ¿Por qué, al momento de escribir esta columna, 24 horas después del cierre de mesas del domingo, ciudades con conectividad como Arequipa, Cuzco, Trujillo y otras aún no están contabilizadas a más del 60 %? ¿Acaso no era que la ONPE tenía todo automatizado? ¿Por qué no llega el voto rural, si estaba todo interconectado? ¿Lo dejan para el final para justificar el fraude?
Pero la cuestión no queda solo ahí. Los oenegeros que se hacen llamar defensores de la democracia y de la transparencia, pretenden ser la fuente oficial del conteo de votos, antes del cierre de mesas, ese conteo presentado ayer y hoy en una conferencia de prensa contabilizando solo el 10 % de las actas, con el objetivo de influir en los electores que aún no votaban y de justificar un presunto fraude.
Amigos, seguramente cuando ustedes lean esta columna, los resultados oficiales ya habrán sido publicados… Esperemos que el JNE haga valer el voto de los peruanos. Que todos aquellos que han tratado de manipular de manera fraudulenta esta elección vayan presos. Y que nuestro país, de una vez por todas, dé los primeros pasos para ese cambio de ciclo que es sinónimo de libertad, desarrollo y de una declaración de guerra contra la mafia que ha corrompido y dominado el Perú en los últimos 25 años.






