Alfonso Bustamante Canny
Perú21, 1 de abril del 2026
“Esta elección no es una más. Es una decisión sobre si avanzamos o retrocedemos como país”.
Esta es mi última columna antes de las elecciones generales, por lo que me es inevitable escribir sobre ello: nos estamos jugando demasiado.
Nos jugamos entre consolidar un modelo que ha generado crecimiento y oportunidades, o regresar al fracaso de los años 80. Entre aprovechar el nuevo superciclo minero —impulsando proyectos que pueden generar miles de millones de dólares para el fisco y las comunidades— o dejarlo pasar. Entre destrabar irrigaciones que pueden dar empleo digno a millones o seguir postergando, por décadas, el desarrollo del sur con proyectos como Majes – Siguas.
Pero no es solo crecimiento. Nos jugamos también la calidad de nuestras instituciones.
Nos jugamos quedar atrapados en la corrupción, con un Congreso al servicio de economías ilegales como la minería informal y el narcotráfico, que alimentan el sicariato y la extorsión. Nos jugamos la aprobación de leyes que destruyen en lugar de construir, que espantan la inversión y, con ella, el empleo formal. Nos jugamos que millones de peruanos sigan condenados a la informalidad, sin protección ni posibilidad real de progresar.
Nos jugamos también la salud. Hoy, conseguir una cita para una cirugía puede tomar años —cuando se consigue—. Instituciones como Essalud, pese a ser financiadas íntegramente por los empleadores y contar con representación de trabajadores y empleadores, siguen capturadas por el Estado, con decisiones políticas que priorizan el control antes que la eficiencia. Intentos por profesionalizar su gestión mediante concursos meritocráticos han fracasado reiteradamente.
Y, sin embargo, el Perú de hoy es un país rico en recursos y en oportunidades. Bien gestionado, puede convertirse en una economía desarrollada, con una clase media sólida y en expansión.
Para ello, necesitamos un sistema educativo basado en la meritocracia, que forme ciudadanos capaces de liderar una economía más compleja. Necesitamos infraestructura, transporte y vivienda formal que permitan reducir la pobreza de manera sostenible.
Pero, sobre todo, necesitamos liderazgo. Un presidente o presidenta capaz de promover inversión, ejecutar obras y fortalecer las instituciones.
Esta elección no es una más. Es una decisión sobre si avanzamos o retrocedemos como país.






