Alfonso Bustamante Canny
Perú21, 29 de abril del 2026
«El régimen cubano es, entonces, un régimen parasitario. Se infiltra en los organismos políticos, educativos y de salud para succionar recursos que le permitan seguir subsistiendo».
Hoy, en un subcontinente conflictuado consigo mismo donde conviven naciones formadas por indígenas e inmigrantes, quienes buscaron su independencia de la península ibérica hace más de 200 años, aún subsiste la búsqueda de una identidad propia. Quienes han sido, además, pésimos administradores de sus destinos y mantienen enormes brechas sociales, a pesar de ciertas mejoras económicas. Han adoptado distintas posturas económicas y experimentado todo tipo de gobiernos sin consistencia, lo que ha conducido a Latinoamérica al permanente estado del subdesarrollo.
Cuba es el peor ejemplo. El comunismo represivo solo ha beneficiado a los Castro, quienes, tras ahogar a su población en la extrema pobreza, han buscado y obtenido dádivas de Rusia, y luego de Venezuela e Irán, para mantener la opresión. Su servicio de inteligencia y sus operadores políticos han sido instrumentos básicos para aferrarse al poder, y han logrado infiltrarse y apoyar a cuanto autócrata comunista o grupo armado ha asomado en los países de la región.
El régimen cubano es, entonces, un régimen parasitario. Se infiltra en los organismos políticos, educativos y de salud para succionar recursos que le permitan seguir subsistiendo. Pero, tras haber “secado” a Bolivia y a Venezuela, el parásito debe buscar otro organismo para sobrevivir, preferiblemente en un país solvente pero con brechas sociales por resolver.
El Perú de los años 70 y 80 educó a generaciones con ideologías de izquierda nacionalista, lo que explica, en buena parte, la polarización política actual, lo cual nos convierte en el organismo idóneo para ser parasitado.
El presidente José Jerí dispuso la salida —léase, expulsó— del país al embajador cubano “Gallo” Zamora, tras su participación en mítines políticos. ¿Será que esto no le gustó a una parte del Congreso y fue el germen de su vacancia?
¿Será que se logró infiltrar en la Fiscalía, especialmente en la comisión Lava Jato? ¿Será que las “fallas” del cuestionado proceso electoral que estamos viviendo están orquestadas por los cubanos? Lo anterior puede ser ficción, pero, si fuese cierto, parece que a los cubanos se les pasó la mano al impulsar a dos candidatos de izquierda al final del proceso, gracias a lo cual terminaron canibalizando los votos parasitados.






