José Ignacio Beteta
Expreso, 29 de abril del 2026
¿Compras algo en Temu para tu hija, para tu hijo o para ti mismo? ¿Algo pequeño? SUNAT sospecha que quieres venderlo y te perseguirá. ¿Haces transacciones con Yape o Plin para darles dinero a tus hijos, padres o hermanos? ¿Un apoyo mínimo? La SUNAT quiere que hasta la limosna que das en la misa a través de billeteras digitales se convierta en una boleta, y te perseguirá.
Y sí. Puede haber un porcentaje de personas que compran en plataformas para vender, o que usen Yape o Plin como una “cuenta empresarial”, pero hablamos de transacciones menores que son generalmente el ingreso extra de una familia que quiere sentirse segura económicamente o el fruto de un “cachuelo”. ¿Cargar con impuestos o perseguir a peruanos en esta condición?
La medida golpea al peruano de ingresos medios y bajos. Temu, AliExpress o Shein funcionan porque la oferta local es cara o inexistente. Es un impuesto disfrazado de medida técnica que le pega al más pobre, el que más usa billeteras digitales. Es una persecución.
En un contexto de crecimiento económico débil, quitarnos dinero del bolsillo con estas directivas contradice cualquier política de reactivación económica. Lo que la SUNAT tiene como “orden de arriba” es exprimir todo lo que se pueda de quien se pueda para seguir pagando planillas y gasto corriente en el Estado. Porque, ¿cuántas obras, servicios públicos, proyectos de inversión ven avanzando o mejorando? En eso, ténganlo por seguro, no se usa nuestro dinero.
Con los impuestos en Perú pasa algo interesante: pueden tener varias justificaciones técnicas, pero ninguna ética. Puede que no tengamos la presión tributaria más alta de la región, pero nuestra presión sobre el formal supera el 40 %. Puede que en promedio nuestros impuestos no sean tan altos, pero solo 2 de 10 los pagan.
Estas medidas abusivas, por las que SUNAT se convierte además en una máquina cada vez más grasosa, poderosa y controladora, castigan al pobre por un problema estructural que el Estado no ha resuelto. ¿Cuál es? La formalidad no sirve. La formalidad es el problema. No la informalidad. Dennos algo a cambio por ser formales y hablamos. Pagar impuestos no es un deber moral. Es parte de un contrato que el Estado no respeta.
En fin. Nos estamos acostumbrando al abuso y no hacemos nada. Todos perdemos con estas medidas, menos el burócrata que recibe un sueldo a fin de mes sin ayudarnos a crecer. Todos perdemos, menos el todopoderoso Estado.
La formalización requiere que el beneficio de ser formal supere el costo de serlo. Hoy en Perú el formal paga IGV, renta, EsSalud, ONP, licencias municipales y otras tantas contribuciones, y recibe a cambio servicios públicos precarios o deficientes. Añadir más carga sin mejorar la contraprestación, enfatizo, es inmoral. Es literalmente una injusticia que no podemos pasar por alto. Y ya se acerca el momento de activar un mecanismo que detenga este abuso.






