Juan Carlos Mathews
Perú21, 28 de octubre del 2026
«Una reforma de la descentralización debería articular al Estado, las empresas y la academia».
Han pasado más de dos décadas desde el inicio de la descentralización en el Perú. Sin embargo, una reforma concebida para promover el desarrollo territorial equilibrado terminó, en gran medida, reducida a transferencias administrativas.
El Índice de Competitividad Regional (Incore 2026) confirma las profundas brechas entre regiones en acceso a agua potable, conectividad y educación.
El problema no es solo de recursos, sino de capacidad para gestionarlos.
Ante el fenómeno de El Niño, resulta inaceptable que gobiernos subnacionales mantengan una baja ejecución presupuestal mientras se requieren obras de prevención para proteger vidas y actividades productivas.
Frente a esta realidad, el actual gobierno enfrenta este importante desafío con tres escenarios posibles:
a) Regresar a la centralización de funciones a la luz de la ineficiencia de los gobiernos locales.
b) Continuar con el modelo tal como está.
c) Reformular e implementar una Política Nacional de Descentralización con visión de largo plazo.
Considero que la tercera opción es la única capaz de corregir las deficiencias sin renunciar al objetivo de acercar el Estado a los ciudadanos.
Podemos aprender de experiencias como el Plan Estratégico Nacional Exportador (PENX), que ha dado continuidad a una agenda sectorial más allá de los cambios de gobierno.
Una reforma de la descentralización debería articular al Estado, las empresas y la academia; establecer indicadores verificables y seguimiento periódico; asignar fondos concursables según resultados; sancionar la corrupción y priorizar el cierre de brechas sociales.
Los Consejos de Estado Regionales (CER) ofrecen un mecanismo útil de coordinación. Reúnen al Ejecutivo y a los gobiernos regionales para identificar necesidades y asumir compromisos públicos.
Lo importante es que esas matrices no queden en declaraciones: deben revisarse periódicamente, con responsables, plazos y resultados visibles para la ciudadanía.
También corresponde al Congreso impulsar los ajustes normativos necesarios. La agenda de fortalecimiento de la descentralización requiere continuidad institucional y puede apoyarse en la cooperación internacional, incluida la de Suiza.
Descentralizar no significa simplemente distribuir competencias y presupuestos. Significa construir capacidades, exigir resultados y garantizar que los recursos lleguen donde más se necesitan.
Después de veinte años, el desafío no es elegir entre Lima y las regiones, sino lograr que el Estado funcione mejor en todo el Perú.






