Adriana Tudela
El Comercio, 18 de octubre del 2026
“Lamentablemente, el gobierno empezó el partido regalándole la pelota a su adversario y perdió la oportunidad de adoptar una estrategia ofensiva”.
Lo ocurrido con el pedido de facultades hecho por el gobierno confirma lo evidente desde que conocimos la composición parlamentaria: Fuerza Popular no tiene mayoría, pese a que algunos hayan aceptado la absurda narrativa contraria, y la oposición ha llegado al Congreso con la intención de sabotear.
Aunque simularon evaluar las materias solicitadas, la izquierda opositora recurrió a pretextos sin sustento para recortar todo lo posible. Incluso Juntos por el Perú pretendió rechazar íntegramente el pedido, lo que habría sido un hecho sin precedentes.
Ha sido lamentable la ausencia de argumentos de fondo en este larguísimo debate. Resulta incomprensible oponerse a asuntos de puro sentido común, como vigilar los cobros por trámites administrativos, mejorar la calidad de las innumerables regulaciones que se emiten diariamente afectando el desarrollo del país o reorganizar el Estado para lograr mayor eficiencia.
Tampoco se justifica oponerse a que el Ejecutivo legisle en materias que requieren su propia evaluación técnica, como modernizar el sector eléctrico, mejorar la gestión del agua, facilitar obras hidráulicas o agilizar la permisología para proyectos prioritarios de infraestructura. Asimismo, ¿por qué rechazar la promoción de la inversión en hidrocarburos si hace apenas unos meses la izquierda clamaba por la falta de seguridad y “soberanía” energética tras el incidente en el gasoducto de Camisea?
Lo cierto es que no hemos escuchado argumentos de fondo por parte de la oposición porque no los tienen. Su postura intransigente está anclada en un profundo antifujimorismo que les impide poner los intereses del Perú por delante. La supuesta falta de urgencia para legislar esos temas no existe como requisito ni en la Constitución ni en la ley; sin embargo, ha servido para excluir asuntos de suma importancia para el país.
Ahora, también es cierto que la izquierda no ha encontrado mayor desafío en el oficialismo. No solo porque en Diputados los superan numéricamente, sino porque este no ha logrado articular una estrategia de comunicación y defensa de fondo de las medidas que buscaban implementar. Y si bien los gobiernos entrantes suelen pedir facultades, en este particular contexto no tenía sentido hacerlo a sabiendas del sectarismo de la oposición.
Lamentablemente, el gobierno empezó el partido regalándole la pelota a su adversario y perdió la oportunidad de adoptar una estrategia ofensiva: avanzar mediante decretos en el marco de sus competencias y presentar al Congreso proyectos puntuales conforme fuera necesario. Aunque después de este despliegue de insensatez por parte de la oposición cuesta creer que evaluarían esas iniciativas por sus méritos. Todo apunta a que sus odios políticos están por encima de lo que el Perú necesita.






