James de La Torre
Co Autor de ‘El crecimiento silencioso de la economía peruana 1821 – 2025’
Para Lampadia
Se han cumplido diez años de la publicación de la obra “El desarrollo de la economía peruana en la era moderna” (2016) del profesor Bruno Seminario (1957-2021). Quisiera hacer de este artículo una invitación a releer este esfuerzo académico y rediscutir la evolución económica del Perú con lo que son -hasta el momento- las estimaciones más serias con las que contamos sobre nuestra historia.
El académico uruguayo Luis Bértola suele señalar que cualquier número es mejor que ningún número, pero el trabajo de Seminario no solo pone cifras a una historia que suele narrarse sin estadísticas, sino que además despliega herramientas metodológicas de alto valor.
Para comenzar, el proyecto tomó más de veinte años, pues el desafío a resolver era particularmente complejo: ¿cómo analizar una evolución económica de largo plazo (tres siglos) si el país recién dispuso de estadísticas oficiales desde 1946?
Seminario asumió el reto de reconstruir series continuas que nunca se habían elaborado: producción, ingresos, población, precios, etc. Para ello, emprendió tareas poco habituales entre los economistas: consultar fuentes históricas primarias y archivos olvidados en bibliotecas. Así, ‘invadió’ los dominios de historiadores, pero lo hizo con éxito.
El aporte fundamental de Seminario consiste en que, hasta antes de su publicación, resultaba sumamente complicado emprender un análisis sistemático y cuantitativo de la historia económica del Perú. Se podía apelar a cualquier dato aislado o cita conveniente para respaldar interpretaciones antojadizas; en cambio, no era posible distinguir tendencias con claridad o comparar metódicamente distintos periodos históricos.
Pero además, la base de datos construida por Seminario posibilita un análisis integral. La mayor parte de libros de historia económica publicados antes de la aparición de esta obra suelen concentrarse casi exclusivamente en sectores de exportación (minería, azúcar, algodón, lana) y/o en actividades de gobierno. Esto se debe -precisamente- a que eran los registros con que se contaba.
El Estado peruano llevaba contabilidad de la actividad minera, los bienes de comercio exterior (sujetos a control aduanero) y, lógicamente, las cuentas públicas.
En consecuencia, no debe sorprender que las historias tradicionales giraran en torno a estas actividades, aunque -es importante señalar- representaban apenas una pequeña fracción de la producción total de la economía del país, la menor parte.
Solo como muestra, la historia del Perú comprendida entre 1845 y 1866 suele denominarse como la Era del Guano y gira casi exclusivamente en torno que se hizo -o no- con el dinero proveniente de este recurso.
Sin embargo, al examinar las cifras de Seminario descubrimos que -durante este periodo- la actividad guanera nunca aportó más del 10% al PBI. Del 90% ‘restante’ casi no se habla.
En realidad, el grueso de la economía nacional, durante la mayor parte de nuestra historia republicana, ha descansado en rubros carentes de registro:
agricultura de consumo interno, servicios, comercio doméstico, transporte.
Aunque se han realizado esfuerzos sumamente valiosos para comprender nuestro pasado, valiosos sobre todo por las limitaciones estadísticas, la mayor parte ofrecen aproximaciones sólo parciales, condicionando su alcance.
Volver a Seminario es una oportunidad para alcanzar una aproximación más compleja y completa de nuestro pasado económico. Aunque sus estimaciones no eliminan por completo la incertidumbre inherente a toda reconstrucción de largo plazo, son, hasta el momento y debido a su rigor explicativo, las más respetadas.
Actualmente, el Banco Mundial y el Maddison Project las citan para realizar comparaciones internacionales, pero su utilidad no se agota allí.
Todavía conservan un enorme potencial para ser aprovechadas por lectores e investigadores peruanos: como insumo para elaborar nuevas interpretaciones, para cuestionar ‘verdades convencionales’ que damos por sentadas o, incluso, para someterlas a discusión y ponerlas a prueba.
Tenemos la suerte de que pueden descargarse gratuitamente.

Elaboración propia, con base en Seminario (2016) e INEI (2021).[1]
[1] Recién en 1946 el Perú adopta una medida oficial de cuentas nacionales, que era calculada por el Banco Central de Reservas. A partir de entonces, hubo una mejora gradual en el conocimiento estadístico de la economía, pues se creó una metodología basada en el registro de empresas y encuestas anuales. No obstante, hasta la década de los setenta, el grado de ‘adivinanza’ del BCRP todavía era considerable. El PBI registrado provenía de cuestionarios, pero la cobertura sólo alcanzaba a las empresas grandes y formales, no a pequeños agricultores, artesanos o carpinteros. En esos casos, el PBI se calculaba multiplicando lo que se supone debía vender un carpintero -por ejemplo- y por el número de carpinteros existentes según el último censo. Hoy, las estimaciones son realizadas por el INEI y ese porcentaje de adivinanza ha ido cayendo.
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