Juan Carlos Mathews
Perú21, 7 de octubre del 2026
«Exportar más debe significar generar más empleo, incorporar más mype, descentralizar oportunidades y producir mayor bienestar».
El pasado viernes participé en el IV Congreso Internacional por el Día del Aduanero y el Comercio Exterior, donde tuve la oportunidad de dialogar sobre el futuro del comercio exterior peruano y su papel en nuestra economía. Fue un buen momento para reflexionar en voz alta sobre cuánto hemos avanzado, pero, sobre todo, sobre cuánto podemos avanzar todavía.
De los cinco motores que sostienen nuestra economía —inversión pública, inversión privada, exportaciones, turismo y consumo interno—, las exportaciones vienen mostrando el mejor desempeño. Al cierre de 2026 se espera que superen los US$100 mil millones. Es una cifra importante, pero el verdadero desafío no consiste únicamente en vender más al mundo, sino en aprovechar esta fortaleza para transformar nuestra estructura productiva.
En ese escenario veo dos grandes oportunidades para el Perú. La primera es convertirnos en un verdadero hub entre América Latina y Asia. Tenemos tres ventajas concretas: infraestructura portuaria cada vez más competitiva en Callao, Chancay y Matarani; acceso preferencial a importantes mercados gracias a nuestros 25 tratados de libre comercio; y la futura implementación de las Zonas Económicas Especiales Privadas (ZEEP).
La segunda oportunidad proviene de la transición energética global. La creciente demanda de cobre abre una perspectiva extraordinaria para un país minero como el nuestro. Pero aprovecharla exige destrabar proyectos importantes como Zafranal y Tía María, en Arequipa; El Galeno y Michiquillay, en Cajamarca; y Trapiche, en Apurímac.
La infraestructura será igualmente decisiva. El año pasado se anunció la priorización de 22 proyectos de irrigación valorizados en US$24,000 millones, que permitirían habilitar un millón de hectáreas para producción agrícola. Con ello, hacia 2040 podríamos alcanzar los US$31,000 millones en agroexportaciones y consolidar nuestro liderazgo mundial en diversos productos.
Si realmente queremos convertir al Perú en la conexión entre América Latina y Asia, debemos mirar también el mapa con sentido estratégico. Necesitamos mejorar los accesos a nuestros principales puertos, viabilizar la hidrovía amazónica, evaluar con atención el tren bioceánico propuesto por China, acelerar las zonas económicas especiales y fortalecer nuestra relación económica y comercial con Brasil.
Brasil es particularmente importante. Para nuestro vecino, los puertos peruanos pueden representar una ruta competitiva hacia los mercados asiáticos. Estados Unidos también debe ocupar un lugar prioritario en nuestra estrategia, especialmente en un escenario en el que China ha incrementado considerablemente su presencia económica y comercial en América Latina.
Hay, además, una exportación que no siempre sale por nuestros puertos: los servicios. Según la Coalición de Exportadores de Servicios, estos crecen a mayor velocidad que las exportaciones de bienes y alcanzan actualmente unos US$10,000 millones anuales. Allí tenemos enormes posibilidades en tecnología, conocimiento, servicios profesionales y talento.
Pero nada de esto será sostenible sin productividad, innovación y capital humano. Iniciativas que acerquen la academia a las necesidades de las empresas pueden contribuir a reducir la brecha entre el talento que formamos y el que demanda el mercado.
Cuando reflexiono sobre el futuro de nuestras exportaciones, por tanto, no pienso solamente en cuánto podemos vender. Pienso en lo que podemos construir alrededor de ellas. Exportar más debe significar generar más empleo, incorporar más mype, descentralizar oportunidades y producir mayor bienestar. Ese es el verdadero desafío: convertir nuestra fortaleza exportadora en desarrollo.






