Ian Vásquez
El Comercio, 6 de octubre del 2026
“¿Qué ha hecho que la gente rechace a Lula y su partido? En gran medida, se trata de la corrupción que ha florecido con Lula y que ha empeorado las instituciones”.
Flavio Bolsonaro superó las expectativas en Brasil este domingo al obtener más votos que Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Se espera que gane la segunda vuelta. De ser así, será no solo el más reciente rechazo a la izquierda latinoamericana en las urnas, sino que representará quizás algo más importante: el fin del lulismo.
Así lo entiende el analista Diogo Costa, quien observa que la presencia del Partido de los Trabajadores (PT) en el más alto nivel de la política nacional durante décadas se debe más a la política personalista de Lula y menos a la ideología de la izquierda. Lula fue candidato presidencial por primera vez en 1989. Desde entonces ha ganado tres de esas contiendas y perdido tres; serían cuatro si se cuenta esta.
La presencia de Lula en la política nacional ha durado más de cuatro décadas y ha sido tan dominante que para la gente Lula es el PT. El bastión electoral de Lula es el noroeste, su región natal y la parte más pobre de Brasil. Eso no quiere decir que los habitantes de allí sean de izquierda. De hecho, una encuesta de IPEC encontró que el 46% de esos habitantes se identificaban con la derecha, más que quienes se consideran de izquierda. Igualmente, una encuesta el año pasado de Datafolha encontró que el 34% de los electores petistas (afiliados del PT) se consideran de derecha o centroderecha.
Si pierde la segunda vuelta Lula, como parece que será el caso, no habrá un político del PT de renombre nacional que tome su lugar. Lula ha ocupado 100% de ese espacio. Es notable que los exministros de Lula obtuvieron resultados pobres en las elecciones del domingo. Dilma Rousseff sí llegó a ser presidente la década pasada hasta que fue destituida, pero lo hizo como representante de Lula más que por nombre propio.
¿Qué ha hecho que la gente rechace a Lula y su partido? En gran medida, se trata de la corrupción que ha florecido con Lula y que ha empeorado las instituciones. En el 2005 se destapó el “mensalao”, estructura mediante la cual el PT sobornaba a congresistas a cambio de votos. Luego vino lo de Lava Jato, que llegó a exportar la corrupción por toda la región. Lula fue condenado y encarcelado por ese caso. Luego fue liberado por un tecnicismo jurídico, pero no fue absuelto de sus crímenes.
Recientemente explotó el Caso Banco Master. La periodista Malu Gaspar de “O Globo” dice que este caso es “extraordinario” incluso para Brasil. El banco aparentemente tuvo conexiones financieras y políticas importantes, pero fue un gran fraude que colapsó, costando miles de millones de dólares al Estado. Se le acusa a Bolsonaro de recibir financiamiento político ilegal del banco, pero él lo niega. Lo que sí se destapó es que la esposa del juez Alexandre de Moraes de la Corte Suprema gozó de un contrato de US$25 millones con Banco Master y el juez parece haber brindado consejos legales al dueño de Banco Master vía decenas de mensajes de texto.
El juez De Moraes es el mismo que participó en la investigación del expresidente Jair Bolsonaro y que lo condenó a la prisión. Este es el mismo juez que desde el 2019 ha usado poderes extraordinarios para prohibir el llamado discurso del odio y la desinformación, herramientas abusadas para callar a críticos de la Corte Suprema y, mayormente, del gobierno de Lula. Sin un debido proceso, ha embargado bienes, encarcelado a individuos, prohibido el uso de redes sociales, y cerrado la operación de algunos gigantes tecnológicos, amenazando así la libertad de expresión.
Todos estos abusos los brasileños los identifican correctamente con Lula y la izquierda. Ojalá se aproveche el momento para reformar la justicia y restablecer la libertad de expresión.






