Iván Arenas
Perú21, 2 de octubre del 2026
“El gabinete refleja una lectura parcial de la realidad política. Hay ministros políticos que no representan nada más que a ellos”.
Nadie dijo que iba a ser fácil desmontar y cambiar el anterior ciclo político anárquico que trajo nada menos que ocho presidentes en 10 años. Keiko Fujimori (mucho menos Sánchez, si ganaba) no la iba a tener fácil para cambiar de un plumazo ese ciclo político de desgobierno. Menos aún con una minoría en el Congreso, dependiente de un socio —Renovación Popular— cuyo líder —con un carácter peculiar— siempre será una incógnita.
El gobierno de Keiko Fujimori choca con dos grandes problemas: las expectativas que ella ha generado en la ciudadanía y el gran tema de nuestro tiempo que es la inseguridad. A dos meses de gobierno, la gente común y corriente esperaba más y el costo ha sido abrumador: Keiko ha bajado 20% de aprobación.
En la lectura del gobierno es necesario dejar por sentado que para avanzar rápido se necesita facultades que el Legislativo debe otorgar. La narrativa es sencilla: el gobierno está a merced de una mayoría de diputados “obstruccionista”. De momento ha funcionado el relato del gobierno, no obstante que el propio Ejecutivo puede hacer más en caso no obtenga las facultades. Puede gobernar con decretos de urgencia que serían aprobados por el Senado, por ejemplo. Pero hoy, la disputa está en la opinión pública.
Aquí surgen otros problemas. El gobierno adolece también de dos problemas internos: no comunica bien y tiene un mal diseño de la estructura y la arquitectura del poder donde Keiko hace lo suyo, pero Galarreta, la PCM, aún no despliega todas sus fuerzas. A ello agregar que algunos ministros cometen dislates gratuitos. Hay un gabinete falto de línea política.
Adicionalmente, el gabinete refleja una lectura parcial de la realidad política. Hay ministros políticos que no representan nada más que a ellos.
Con todo lo anterior, el gobierno entonces tiene varios escenarios: o va al choque con la mayoría de diputados o construye una nueva mayoría para gobernar. Lo primero es el viaje a ninguna parte, puesto que las condiciones objetivas aún no están dadas. Empezar un enfrentamiento ahora no suena muy coherente.
Lo otro es construir junto a Renovación Popular y Obras una alianza congresal para poder gobernar. Eso implica llegar a acuerdos. Si el fujimorismo logra construir un acuerdo con Obras y Renovación, sumarían 70 diputados y una mayoría suficiente. Ni López Chau ni tampoco Nieto tienen incentivos para apoyar al gobierno.
Este es el momento porque la oposición ahora —Obras, PBG, JP y Ahora Nación— no está sólida ni estructurada y el liderazgo depende de varios.
La política es acuerdo, es conversar y a veces pactar con quien no se es igual a uno. Si Keiko logra construir su mayoría, habrá cerrado ese ciclo anárquico y habrá empezado el ciclo keikista.






