Jaime Spak
Para Lampadia
Hace más de diez días, que el tema de lo sucedido en el Colegio Liceo Naval, se ventila en los medios.
Me gradué del colegio hace 60 años.
En mi época entre, las décadas del 50 y 60, tuvimos también que convivir con el acoso escolar, con maestros abusadores que nos daban reglazos en la punta de los dedos, si nos portábamos mal.
Probablemente, en esta época es mucho más común el tema del bullying, y lo que sufren los alumnos que son sometido a vejámenes.
Pero hay diferentes escenarios de maltrato escolar.
Siempre habrá en una clase, el alumno retraído, el subido de peso, o la chica demasiado delgada, o aquel faltoso que no hace más que contrariar a los profesores.
También hay profesores mal pagados, con problemas personales no resueltos o problemas familiares complicados, que no tienen capacidad de lidiar con estos problemas.
El papel de la psicología en los centros de estudio debe de ser fundamental.
Estos jóvenes del colegio Liceo Naval, que cometieron la aberrante violación a un compañero de salón, no tienen perdón alguno.

Una cosa es fastidiar, molestar dándole una palmada en el cráneo y luego hacerse el desentendido y otra es lo que sucedió.
Un palo de escoba, que es lo que utilizaron contra el indefenso muchacho, ¿está allí en el bus siempre?
O este sadismo estaba premeditado.
Cómo es posible que estos muchachos, luego de generar tremenda situación salgan del colegio y se vayan a comer a un chifa, ¿como si nada hubiera pasado?
Cero empatía hacia el agraviado.
¿Como es posible que los dos profesores que lo acompañaron en el trayecto hayan hecho caso omiso a los gritos de la víctima?
Si los padres de la víctima no hubieran presentado una denuncia a la comisaría, nunca se hubiera sabido.
La presencia policial un día después, en el centro de estudios para detener a estos muchachos, fue el detonante de todo este escándalo.
Sin lugar a duda, es la punta de un iceberg.
Los alumnos o exalumnos que sufrieron este tipo de vejamen, sobre todo sexuales, han empezado a perder el miedo y a denunciar.
Parece que hubo casos denunciados, en este colegio, y la directora no hizo nada.
¿Qué confianza pueden tener los padres en el colegio?
¿Con qué tranquilidad los alumnos aterrorizados, pueden seguir asistiendo a clases, sabiendo que en cualquier momento serán objeto de burlas, agravios, vejámenes?
Pero el colegio Liceo Naval, no es el único.
Se ha denunciado hasta la saciedad abusos en otros colegios de la capital y sobre todo en provincias.
Solamente este año se han recibido más de 12,000 denuncias por este problema.
El muchacho agraviado, sufría vejámenes desde hace tres años, y seguramente por temor o vergüenza no lo comunicó a sus padres.
Este caso de sadismo ya supera todo límite.
Es urgente que se hable este tema en todos los hogares.
Conversar con los hijos sobre este tema y hacerles entender, cómo se puede sentir un joven, que sufre abusos.
Hay que ser más comunicativos y predicar con el ejemplo.
No podemos permitir que suceda lo que todos vimos hace unos días, como un señor, padre de uno de los vejadores, que más parecía un auquénido, dio escupitajos a la cámara de un periodista que no le hizo nada.
Encima este sujeto, muy suelto de huesos confesó a un periodista que a medida que se volvía mayor, se iba ablandando.
Que su reacción del escupitajo debió haber sido más agresiva.
Estamos viviendo el mundo al revés.
Los buenos valores por el suelo y gente como este tipejo, en vez de pedir disculpas por su actitud de auquénido, indica que fue muy blando.
Los alumnos pasan más de la mitad del día en los colegios, donde reciben educación de todo tipo, urgente recibir lecciones de empatía y de valores cívicos y humanos.
Nada de eso sucedió en este colegio, que pertenece a la gloriosa marina del Perú.
Felizmente el ministerio, cambió a toda la plana mayor.
Los hijos de los marinos deberían de recibir la educación de sus padres en cosas de bien, en lugar de apañar estas inconductas.
No me quiero imaginar lo que sucede en provincias.
El año pasado un escolar de 13 años fue asesinado por sus compañeros, víctima del acoso escolar.
La madre había alertado, más de un año atrás, al director sobre los sufrimientos del hijo y este no hizo nada.
No olvidemos el caso de las niñas Awajún que fueron violadas por docentes en más de 500 casos entre el 2020 y 2024, y el inefable ministro Morgan Quero dijo que eran prácticas culturales.
Tenemos que poner fin drásticamente a esta situación y para ello el ministerio de educación tiene una tarea titánica.
El tema del acoso escolar es muy grave y tanto padres, colegios, como sociedad civil, deben comprometerse en solucionarlo.
Lampadia






