Juan Carlos Mathews
Perú21, 23 de setiembre del 2026
«El escenario climático para 2027 plantea un desafío que trasciende a un sector específico», destacó el economista Juan Carlos Mathews
Recientemente, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) redujo su proyección de crecimiento para el presente año de 3.4% al 3.2%, principalmente por el mayor impacto esperado del fenómeno de El Niño. Asimismo, la estimación de crecimiento para 2027 bajó de 3.2% a 3%.
Sin duda, se trata de un fuerte impacto que podría implicar costos cercanos a los US$45 mil millones, es decir, el triple de lo que el Perú registró en agroexportaciones en 2025, sector estrella de las exportaciones peruanas.
El Perú enfrentará un escenario climático de alto impacto en el verano de 2027, marcado por temperaturas elevadas y lluvias superiores a lo normal, con mayor afectación en la costa norte, la costa central y la sierra norte occidental. En cambio, la sierra sur y parte de la Amazonía presentarían condiciones normales o por debajo de lo habitual.
El principal riesgo económico será la combinación de una menor producción y dificultades logísticas para transportarla. Las lluvias, inundaciones y sequías podrían afectar la agricultura, reduciendo las áreas cultivables, dañando los sistemas de riego y disminuyendo los rendimientos, con impactos variables según la región, el cultivo y la disponibilidad de agua.
En la pesca, la anchoveta podría desplazarse y concentrarse cerca de la costa, mientras que aumentarían las especies de aguas cálidas. Esto generaría oportunidades para la pesca artesanal, pero exigiría adaptar la flota, la infraestructura, el procesamiento, los mercados y la logística a los cambios en los recursos marinos.
El turismo podría verse afectado principalmente por problemas de conectividad, como huaicos, inundaciones y daños en carreteras e infraestructura, especialmente en la costa norte. El impacto será diferente según cada territorio y destino.
Además, las interrupciones del transporte pueden generar efectos en cadena sobre la producción, el abastecimiento, las exportaciones, los costos y los precios, lo que convierte a la conectividad en un factor clave para la competitividad.
La menor oferta de algunos alimentos podría elevar sus precios, pero el impacto dependerá de la demanda, los productos sustitutos y la capacidad de importación. Asimismo, el calor podría afectar la ganadería y la avicultura, reduciendo su productividad y aumentando las necesidades de agua y los riesgos sanitarios.
En la minería, los principales riesgos serán logísticos y de disponibilidad de agua, más que de acceso al mineral. En materia de salud, las inundaciones podrían aumentar los problemas de saneamiento, contaminación y enfermedades.
Para las empresas, será clave adoptar una gestión anticipada del riesgo climático que considere toda la cadena productiva, desde la producción hasta el transporte, el almacenamiento y la exportación.
En síntesis, el escenario climático para 2027 plantea un desafío que trasciende a un sector específico. El verdadero riesgo económico para el Perú surge de la combinación de una menor producción y una menor capacidad para movilizarla, particularmente en la costa norte y central.
La prioridad debe ser proteger la infraestructura crítica, asegurar la continuidad logística, anticipar los cambios en la oferta productiva y fortalecer la capacidad de adaptación de las empresas y las cadenas de valor.






