Jaime de Althaus
Para Lampadia
La atroz violación ocurrida en un bus del colegio Liceo Naval y la evidencia de que allí la estructura de relaciones entre los alumnos refleja en alguna medida la relación de jerarquía entre los padres en La Marina y el poder de los padres sobre los maestros, debe llevar a una política que permita reconstruir el principio de autoridad de los directores y maestros en los colegios públicos y privados.
Y recuperar el principio de autoridad y el orden en las institucionales educativas puede ser la mejor puerta de entrada la recuperarlos en la sociedad en general, en todos los órdenes. Fue la promesa central de la candidata Fujimori.
Todo comenzó con el decreto supremo 010-2012 en la época de Patricia Salas y Ollanta Humala, que dio normas para promover la convivencia sin violencia, estableciendo que las medidas frente a conductas indebidas debían orientarse a la formación y al cambio de comportamiento mediante diálogo, estímulos, promoción de valores y consejería.

Eso tenía un aspecto positivo, si es que no se abandonaba la disciplina, pero luego el DS 004-2018-MINEDU, que aprobó los “Lineamientos para la Gestión de la Convivencia Escolar, la Prevención y la Atención de la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes”, sustituyó el concepto de “disciplina” por el de “convivencia”.
Ya no había normas de disciplina sino de convivencia. Y las normas de convivencia debían elaborarse de manera participativa y consensuada, con representación de alumnos, padres, profesores y dirección. La democracia absoluta.
Luego mediante directivas el Minedu y varias UGEL dictaminaron que las medidas punitivas no eran compatibles con ese enfoque y que expulsar a estudiantes agresores en casos de bullying contravenía la normativa. Una sobreprotección a los alumnos ofensores que dejaba desprotegidos a los ofendidos.
El resultado fue que el director y los maestros perdieron autoridad y capacidad de imponer disciplina. Y se terminó empoderando a los padres contra los profesores, padres que defienden a sus hijos cuando son reprendidos o sancionados por sus profesores, e incluso los denuncian.
Cualquier asomo de castigo es considerado un abuso, una agresión, contra el estudiante. El mundo al revés.
León Trahtemberg ha detallado varias veces en Facebook, en Correo y en entrevistas cómo los padres desautorizan al profesor delante de sus hijos.
Cuando un alumno recibe una llamada de atención, una mala nota o una sanción, algunos padres parten de que su hijo tiene razón y exigen explicaciones al maestro.
El mensaje que recibe el niño es que la autoridad del profesor puede ser impugnada recurriendo a sus padres.
Además, el profesor o el colegio quedan expuestos a denuncias ante SíseVe, la UGEL, Indecopi, la Fiscalía o las redes sociales, incluso antes de que se investigue lo ocurrido.
Si la denuncia resulta infundada, no existe ninguna consecuencia para quien la formuló, mientras que el docente ya sufrió daño profesional y reputacional.[1]
Entonces, para evitar denuncias, los profesores dejan de intervenir, de llamar la atención o de acercarse a los alumnos problemáticos.
Paradójicamente, los estudiantes que más necesitan acompañamiento son los que terminan recibiendo menos atención.
En su columna “No estudien educación” Trahtemberg reclama devolver autoridad profesional a maestros y directores y protegerlos frente a acusaciones abusivas de algunos padres.[2]
Explica además que el sistema desconfía del criterio de maestros y directores y pretende reemplazarlo mediante protocolos, formularios y procedimientos. Se premia entonces la obediencia burocrática y se castiga la iniciativa.
Allí hay otra clave de este tema: la manera como el creciente intervencionismo estatal ha restado, por su parte, autoridad al colegio, al director y a los maestros.
Los padres de un lado, y la burocracia ministerial de otro.
El peor de los mundos.
Parte de la solución de este problema pasa entonces también por devolver autonomía a los colegios y a los directores, lo que, a su vez, reclama capacitarlos bien para su función.
Para un gobierno cuya oferta electoral fue recuperar el orden y la autoridad, comenzar por los colegios puede ser el punto de partida ideal para cumplir la promesa.
Lampadia
[1][1]https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/pfbid02Jjh16Wjh4iLc8LdWotwg186zx5YygxnAXeEiDcchMVGfwa7wv8DZyPBRQtkr1bSQl
[2] https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/pfbid0fpQGMWhAmesmy8vXN4rAoQKeLnBuNojvwxhFdhBqD3vary44K6NGL1H5GS348g6Nl






