Jaime de Althaus
El Comercio, 19 de setiembre del 2026
“Hay futuro, pero falta afinar el norte y coger bien el timón de mando”.
Keiko Fujimori ha sido víctima de su propio lema de campaña: orden. Muchos esperaban lo que la izquierda temía: mano dura, autoritarismo. Pero ya quedó demostrado que Keiko no es Alberto. Tampoco ha escenificado acciones de impacto mediático como las requisas en los penales protagonizadas por el presidente Jerí.
Pero Alberto Fujimori se demoró más de dos años en capturar a Abimael Guzmán. Y fue capturado no con mano dura, sino con inteligencia, y luego de verse obligado a refugiarse en Lima porque el gobierno se había aliado con las comunidades. Sendero fue derrotado con una estrategia inteligente, no con la fuerza bruta.
Caído Abimael Guzmán, todo se desmoronó. Ahora es mucho más complejo. Lo que tenemos es una hidra de mil cabezas. Es imposible tener resultados en poco tiempo. La pregunta entonces es si el gobierno se está organizando para producir resultados en su momento y para resolver los problemas de fondo del Estado que le permitan luego recuperar popularidad.
Un primer paso ha sido poner a las Fuerzas Armadas a controlar el perímetro de los cinco penales de alta peligrosidad para que no ingresen celulares ni chips. Están montando escáneres y eliminando antenas vecinas que envían señales de wifi a los internos. Si se logra impedir llamadas al exterior, se habrá eliminado la mitad del problema según expertos. Hay un programa para adquirir tecnología indispensable para la policía, pero aún no sale la plata, y Astudillo ya anunció la reforma de la Policía. Se ha juntado en una mesa de trabajo a la fiscalía y a la Policía para que acuerden protocolos conjuntos, pero aún no se logra consenso total. Sin eso no se puede combatir. Esa mesa fue un subproducto de las reuniones del Comando Unificado contra la Criminalidad presidido por la presidenta que aún debe ser institucionalizado para manejar con rienda corta las estrategias. Se necesita nombrar allí un buen secretario ejecutivo que le dé efectividad y que la presidenta asuma un rol visible en la lucha contra la criminalidad. La presidenta tiene que tomar el mando.
El gobierno necesita las facultades solicitadas en lo relativo a fortalecer el sistema de inteligencia, rastreo, geolocalización y bloqueo de celulares, facultades a la UIF para congelar fondos de las organizaciones criminales, etc. También en lo relativo a modernización y simplificación del Estado para mejorar los servicios y facilitar la inversión. La opinión pública está a favor, pero ni la presidenta ni el primer ministro capitalizan ese apoyo comunicando, explicando. Dejan la cancha libre a los detractores.
¿Falta convicción reformista? Hay temor en reducir el gasto estatal inútil para financiar lo prioritario y urgente. Si no hay convicción, no hay comunicación o esta no tiene alma.
Sin embargo, la Secretaría Estratégica Presidencial, aún en organización, ayudará a ordenar los objetivos y la acción del gobierno, conseguir resultados y comunicarlos bien. Allí habrá dos funciones clave: desregulación profunda y digitalización del Estado. Tendremos un Estado mucho más ligero y eficiente en pocos años. Y el gobierno sabe dónde va en salud y educación. En diciembre tendríamos a todos los establecimientos de salud y educación conectados mediante Internet (Starlink).
Hay futuro, pero falta afinar el norte y coger bien el timón de mando.






