Luis Romero
El Comercio, 20 de setiembre del 2026
En entrevista con Somos, el directivo analiza los desafíos de la filantropía en el país, el papel que deben cumplir las empresas y el Estado, y explica por qué la educación es uno de los ámbitos donde se puede generar mayor impacto.
Las oficinas del grupo Credicorp, en La Molina, transmiten una calma que contrasta con el vértigo y la tensión con los que el cine suele retratar el mundo de las finanzas. Subimos al cuarto piso, atravesamos una rotonda cuyas paredes exhiben los retratos de los directivos que han marcado la historia de la institución y llegamos a la oficina de Luis Romero Belismelis, presidente del directorio.
El motivo de la conversación es “Cómo transformar la filantropía en el Perú”, un libro elaborado junto con el Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico que reúne y analiza cifras, alcances y evolución de distintas iniciativas filantrópicas en los últimos años. Más que un registro de donaciones, la publicación plantea una pregunta de fondo: ¿cómo convertir los recursos destinados a ayudar en proyectos capaces de generar un impacto sostenido y transformar vidas?
―¿Por qué decidieron poner la filantropía en discusión y elaborar este libro?
Cuando uno está involucrado en temas de filantropía, lo primero que hay que hacer es un diagnóstico de cómo estamos como país, identificar las brechas y enfocar los recursos de la manera más eficiente. Conocer dónde estamos permite fijar objetivos, medir los resultados y evaluar cómo evoluciona la filantropía. El estudio que realizamos junto con la Universidad del Pacífico y el Banco de Ideas de Credicorp nos permitió conocer, por ejemplo, que los montos destinados a proyectos filantrópicos se han multiplicado por cinco en los últimos siete años. También identificamos retos importantes en transparencia y gobernanza.
―¿A qué atribuye que hayan aumentado los recursos en el último tiempo?
Creo que las empresas cada vez son más conscientes de que no pueden ser ajenas a la realidad del país. Una empresa no debería tener como único objetivo invertir y generar empleo: también debe preocuparse por la sociedad y por las comunidades donde está presente. Además, las empresas están comunicando mucho más lo que hacen. En Credicorp, por ejemplo, hoy damos mucha más información sobre nuestras iniciativas que hace diez o quince años. Esa comunicación genera un efecto de contagio y puede animar a otras empresas a desarrollar proyectos filantrópicos.
―El libro parte de la premisa “donar no es lo mismo que transformar”. ¿Qué significa para usted transformar a través de la filantropía?
Cambiar vidas. Y eso solo se puede lograr con proyectos de mediano y largo plazo, que tengan continuidad. Una donación normalmente busca resolver una necesidad específica y de corto plazo. Puede solucionar un problema puntual, pero no necesariamente transformar la vida de una persona. La filantropía, en cambio, busca cerrar brechas sociales mediante proyectos sostenibles y de mayor impacto.
―Como bien dice, el Perú tiene enormes brechas. ¿Puede la filantropía ser parte de la solución sin terminar reemplazando las responsabilidades del Estado?
La filantropía genera un mayor impacto cuando el sector privado y el Estado se complementan y trabajan coordinadamente. Hay proyectos, como los de obras por impuestos, que requieren necesariamente trabajar con gobiernos regionales y municipalidades. En el caso de las becas, por ejemplo, recibimos información del Ministerio de Educación para identificar estudiantes con talento y potencial. Lo mismo ocurre con Escuelas Conectadas: necesitamos conocer qué colegios tienen Internet, cuáles no y cuál es su situación de infraestructura. Esa información permite que el sector privado pueda intervenir donde realmente existe una necesidad.
―¿Qué puede aportar el sector privado que quizá el Estado o la sociedad civil no pueden ofrecer de la misma manera?
Conocimiento, gestión y capacidad de ejecución. Muchas empresas tienen presencia en lugares alejados del país y conocen las necesidades de las comunidades donde trabajan. También existe una capacidad de gestión importante. Hay proyectos que requieren varios años de implementación y necesitan administrar recursos, inversiones y gastos con transparencia y eficiencia. Es un aporte que el sector privado puede hacer de forma significativa.
―¿Existe alguna experiencia que haya cambiado su manera de entender la filantropía?
El proyecto de Escuelas Conectadas me ha impactado mucho. He tenido la oportunidad de visitar varias escuelas y ver la motivación de los padres y estudiantes. Recuerdo especialmente una escuela en el sur de Lima, en una zona muy alejada, con una infraestructura extremadamente precaria: paredes de calamina, piso de tierra, muebles muy básicos y prácticamente sin ventanas. En ese contexto, instalar Internet, computadoras, proyectores y mejores muebles representa un cambio sustancial. Actualmente, el proyecto alcanza a cerca de cincuenta mil estudiantes en el país y la meta es llegar a cien mil. Pero lo más importante es mantener ese impacto en el tiempo.
―¿Por qué Credicorp ha puesto tanto énfasis en la educación?
Porque creemos que es donde podemos generar mayor impacto. Nuestro propósito es contribuir a mejorar vidas acelerando los cambios que los países necesitan, y la educación es fundamental para ello. Dar una oportunidad a un joven talentoso que no tiene recursos para estudiar en una buena universidad no solo transforma su vida. También puede transformar la de su familia y las futuras generaciones. Por eso, consideramos que la educación es una de las columnas vertebrales para que un país se desarrolle.
―¿Y qué papel puede jugar la filantropía dentro de las propias empresas?
Genera una cultura orientada a producir un impacto positivo en la sociedad. Además, hoy las personas buscan cada vez más trabajar en organizaciones que tengan un propósito y hagan algo que trascienda el negocio. Creo que la filantropía no debería ser exclusiva de las grandes empresas. Las compañías grandes, medianas y pequeñas, e incluso las personas a título individual, pueden contribuir de acuerdo con sus posibilidades. Si cada empresa y cada emprendedor tuviera algún proyecto de impacto social, podríamos generar un efecto muy importante en el país. //
Una visión integral
El libro, escrito por Vicente M. León, ofrece un diagnóstico del ecosistema filantrópico peruano entre 2017 y 2025, a partir de entrevistas con 130 organizaciones y una amplia base de datos sobre el sector. La publicación plantea entender la filantropía como una inversión en la sociedad, cuyo impacto debe ser medido. Para ello, propone un plan de acción basado en cuatro pilares: gobernanza, gestión interna, transparencia y gestión externa. Lo puede encontrar en https://bancodeideascredicorp.com






