Entrevista a Luis Carlos Arias Schreiber
Perú21, 27 de agosto del 2026
Mijail Palacios Yábar
Es autor del libro Alejandro Olmedo. El peruano que conquistó Wimbledon. Una obra que, a la vez, representa un acto de justicia. Perú21 entrevistó al periodista Luis Carlos Arias Schreiber.
Antes ha escrito sobre la selección peruana de fútbol en los Juegos Olímpicos de Berlín 36. Y ahora lo hace en nombre de Alejandro Olmedo, el tenista arequipeño que triunfó en la órbita mundial del tenis. ¿Acaso Luis Carlos Arias Schreiber es un autor de historias perdidas u olvidadas?
“Hay algunos episodios en la historia del deporte peruano que creo merecen un poco de investigación”, me dice. Del tenista le llamó la atención que, siendo un peruano campeón de Wimbledon, Australia y Copa Davis, no está tan presente en la memoria colectiva de los peruanos. Así nació Alejandro Olmedo. El peruano que conquistó Wimbledon (Penguin Random House). “Es una figura cumbre del deporte peruano alrededor del cual hay mucho desconocimiento y malentendidos”.
¿Qué malentendidos?
Se cree que él consiguió todos sus títulos de tenista como estadounidense. ¿Pero cómo puede ser posible que tenga los laureles deportivos del Perú un deportista que es estadounidense? ¿O por qué en el Salón Internacional de la Fama, que es la élite del tenis mundial de todos los tiempos, el único miembro peruano que hay ahí es Alejandro Olmedo y es considerado como peruano? Ese gran malentendido ha surgido en gran medida desde el propio Perú. Cuando ves las entrevistas de Olmedo, él siempre se reconoce y se enorgullece de ser peruano y, sobre todo, de ser arequipeño; y yo te diría que más que peruano, arequipeño (risas).
¿Cómo explicar que juega la Copa Davis para Estados Unidos?
Efectivamente, ese dato es innegable. Pero para jugar la Copa Davis no se necesita ser ciudadano del país al cual representas. Si un extranjero quiere jugar por el equipo estadounidense de Copa Davis tiene que cumplir dos requisitos, que tenga por lo menos 3 años de residencia en ese país. Olmedo juega la Copa Davis por Estados Unidos en 1958 y él va a Los Ángeles en 1954, a pocos días de cumplir 18 años. Y el otro requisito era que no haya jugado por otra selección. Olmedo nunca jugó Copa Davis por el Perú, como ningún tenista de la generación de él, porque Perú no participaba en esa copa. Perú empezó a participar, y de manera irregular, a partir de 1968.
El tenis era amateur, ¿no?
Era amateur, como la mayoría de deportes. Quienes ganaban Wimbledon o Roland Garros recibían la copa, salían en los titulares de los periódicos, pero no recibían ningún cheque. Entonces, algunos empresarios contrataban a los mejores tenistas y organizaban giras alrededor del mundo. Era casi una vida de circo. Se presentaban en escenarios poco acondicionados para el tenis, como pistas de patinaje sobre hielo, en hangares de aeropuertos, estacionamientos de centros comerciales; jugaban donde podían y donde cobraban. Y Olmedo venía de orígenes humildes, pero en 1960 le ofrecen ser profesional, meses después de haber ganado Copa Davis, Australia y Wimbledon. Y empieza por primera vez, a los 24 años, a ganar plata con el tenis.
¿Esa sombra de lo amateur ha opacado los triunfos de Olmedo?
Sí, pero Olmedo no tiene la culpa de haber nacido en 1936. Es como que le reclames a ‘Lolo’ Fernández o a ‘Manguera’ Villanueva que nunca jugaron la Copa Libertadores… Olmedo cuando gana Wimbledon, en el año 59, a la ceremonia va la duquesa de Kent y le entrega la copa. Pero como premio económico le dan un vale para que lo canjee en una tienda deportiva. Se fue con cero dólares. Pero por esos años tenía una presencia cotidiana en las secciones deportivas no solamente de Perú, sino del New York Times, de Los Ángeles Times, de los periódicos de Inglaterra y Australia.
¿El llegó a sentirse reconocido por el Perú?
Yo te diría que sí. De alguna manera el Perú cumple con Olmedo. Alejandro no tiene plata para comprarse ni raquetas. Es tan grande su talento que los mismos socios del Club Internacional de Arequipa, donde su papá —un inmigrante de Apurímac, figura clave en la biografía de Alejandro— estaba a cargo del mantenimiento de las canchas de tenis, empiezan a buscarlo como sparring y gana algunos torneos. Lo ve el presidente de la Federación Peruana de Tenis en Lima, Jorge Harten, otra figura clave en la biografía de Olmedo, y él lo trae a Lima. Le pone un entrenador estadounidense y deciden hacer una colecta entre los aficionados para enviarlo a Los Ángeles. Olmedo ni siquiera terminó el colegio en el Perú, no hablaba nada de inglés, pero logra obtener una beca en un high school y con eso se queda legalmente en EE.UU. La primera vez que participa en Wimbledon es con un presupuesto que juntan los aficionados peruanos convocados por Harten. Meses después de ganar la Copa Davis, en Arequipa surge una iniciativa para hacer una colecta y darle una casa propia. El Estado dona un terreno y se construye la casa, que tiene hasta cancha de tenis… Él se sentía peruano. Se nacionaliza estadounidense en 1999, cuando ya tenía sesenta y tantos años. Entonces, su peruanidad no admite discusión ni debate. Y esa era la razón principal para hacer el libro. Creo que es un acto de justicia y de reivindicación, no solamente para Olmedo, sino para todos los peruanos, que debemos saber que tenemos un campeón de Wimbledon, un miembro del Salón Internacional del Tenis, un campeón de Australia y un campeón de Copa Davis.
¿Qué dice su historia del Perú?
En el Perú se habla mucho de oportunidades perdidas, de falta de apoyo, de qué hubiera sido de tal persona si hubiera tenido el respaldo de la empresa privada o de la federación o si hubiera tenido buenos entrenadores, si se hubiera alimentado bien desde chico, si hubiera sido formado con buenos valores… Hay tantos casos… Olmedo es el ejemplo contrario. Fue número uno del tenis mundial en 1959 con las poquitas oportunidades que tuvo, que supo aprovecharlas muy bien. Fue arequipeño y peruano.
¿Quién es Luis Carlos Arias Schreiber?
-“Soy Luis Carlos Arias Schreiber Barba. Tengo 56 años. Nací en Lima. Primero entré a estudiar Derecho en la Universidad de Lima; no me gustó y me pasé a Literatura en la Católica, que la acabé mientras ya trabajaba en periodismo. Pero siempre me gustaron los deportes”.
-“Mi primer trabajo como periodista fue en el diario La Tercera, lo que era La Crónica. El director me dijo ‘¿en qué sección quieres trabajar?’. Había farándula, política y deportes. Y deportes era el que más peso tenía, era el año 92. Y elegí deportes. Así empecé”.
-“Mi papá también fue periodista. Y me acuerdo mucho la impresión que me causó ver que lo que se contaba era real, como en las películas cuando al final te dicen ‘basado en hechos reales’, y dices ‘ah, caramba, eso ha pasado’. Siempre me llamó más la atención lo realista que la ficción”.






