Maite Vizcarra
El Comercio, 27 de agosto del 2026
“Las facultades legislativas que el gobierno solicitará en breve han dado en el clavo clarísimamente: mejorar la formalización de las mypes siempre es una prioridad”.
Las mypes no necesitan un máster en inteligencia artificial (IA) ni un robot que atienda la caja para dar el gran salto de productividad que varios opinantes ya han predicho en el Perú. Necesitan algo menos glamoroso y más útil: vender mejor, perder menos tiempo y cometer menos errores. Y si la IA ayuda en eso efectivamente, ya tendríamos entonces una política de productividad de nueva era.
En el contexto de la ya esperada solicitud de facultades legislativas que el gobierno de la presidenta Keiko Fujimori hará en breve, las mypes son el centro de una reforma que busca facilitar su formalización, ampliar el financiamiento y cambiar la lógica tributaria para que crecer no termine convertido en una mala noticia.
Por ejemplo, la idea de un Impuesto a la Renta progresivo, vinculado a las utilidades netas y no simplemente a las ventas, apunta a evitar ese absurdo peruano en el que cuando una empresa mejora y cruza un umbral, prontamente descubre que el premio por crecer era desfinanciar su flujo de caja.
Y formalizarse es solo la mitad de la película atada a la nueva reforma promypes. La otra consiste en producir mejor y, en ese terreno, la IA puede ser mucho menos sofisticada de lo que solemos imaginar.
Por ejemplo, una bodega puede pedirle a un asistente de IA que ordene los productos vendidos durante la semana y le indique cuáles debería reponer primero. O una peluquería podría preparar en minutos un mensaje para sus clientas anunciando una promoción, de manera directa. Y un restaurante podría comparar tres cotizaciones de proveedores y resumir cuál le conviene más, en solo minutos. Una ferretería podría convertir una lista de precios en una tabla clara. Y una emprendedora que vende por WhatsApp podría responder preguntas frecuentes sin escribir veinte veces lo mismo.
Nada de eso exige saber programar. Exige, más bien, aprender a preguntar, revisar la respuesta y distinguir dónde la IA ahorra tiempo y dónde conviene desconfiar de ella.
Según el BCR, el 66% de las empresas encuestadas en el primer trimestre del año indicó que utiliza la IA generativa para consultas y el 50% para optimizar procesos internos. Por eso, la barrera parece menos tecnológica que práctica: muchas empresas todavía no saben para qué usarla ni cómo incorporarla a su rutina.
Ahí hay espacio para que los gremios vinculados a las mypes, cámaras de comercio, y el sector público mismo definan con claridad una ruta crítica de procesos que rápidamente podría definir un paquete de habilidades digitales que bien podrían desarrollarse a través de aplicaciones específicas. Dicho sea de paso, muchas de estas ya existen en Latinoamérica. De modo que cada empresario mype implemente usos concretos de la IA: ordenar ventas, preparar cotizaciones, responder clientes o comparar proveedores.
Las facultades legislativas que el gobierno solicitará en breve han dado en el clavo clarísimamente: mejorar la formalización de las mypes siempre es una prioridad. Y desde aquí agregaría que también lo es incrementar su productividad. Y en esa tarea, la mejor política de IA para las mypes ya sería un éxito si la casera del mercado o la bodega aumenta la rotación de sus ventas, gracias a que puede armar con más claridad su inventario, sin que ello suponga grandes costos en asesorías externas. Eso también es transformación digital. Y productividad, que es lo importante.






