Aldo Mariátegui
Perú21, 7 de agosto del 2026
“Muchos ven la autocrítica y el pedir disculpas como mostrarse débil cuando es al contrario: más magnífico muestras tu cargo ante los demás y más te sublimas al hacerlo”.
Hubiera sido mucho más decente, humano, reconciliador y constructivo para nuestra descompuesta sociedad peruana que, durante su último discurso por el Día del Juez, la presidente del Poder Judicial, Janet Tello, le hubiera pedido disculpas públicas a Keiko Fujimori y a otras personas que fueron encarceladas injusta y arbitrariamente por esos jueces prepotentes que acataron ese disparate de acusación de un supuesto lavado de activos hecho por los inefables fiscales Vela y Pérez en lugar de ponerse tan gallita y reclamona (mi crítica de hoy va al margen de lo que ya escribimos días anteriores sobre que un juez debe obedecer las leyes dispuestas por el Legislativo y no usar la coartada del “control difuso” para hacer lo que le da la gana), actitud que rozó lo malcriado cuando se le está dando la bienvenida a un primer mandatario que recién está comenzando su administración y aún no ha hecho nada como para comenzarle desde el saque con recriminaciones y advertencias. Tello hubiera demostrado una grandeza personal y gremial encomiable si como sana autocrítica hubiera reconocido que hubo excesos persecutorios y por ello hubiera pedido excusas. Eso no hubiera disminuido o humillado la majestad ni las prerrogativas del poder que preside y más bien le hubiera, repito el término, engrandecido ante la opinión pública (por lo menos ante la pensante). Pero no, la señora Tello optó por el aplauso politizado de la tribuna gremial y la caviarada, del populismo barato y manido del líder heroico que defiende al pobre gremio acorralado. Es más, seamos condescendientes: Tello pudo combinar ambas cosas (con más elegancia, por cierto). Tello pudo reclamar y pedir disculpas a la vez, pues ambas cosas no necesariamente se contradicen. Pero no, la pequeñez y el populismo gremialista le ganaron.
Es que, lamentablemente, muchos ven la autocrítica y el pedir disculpas como mostrarse débil cuando es al contrario: más magnífico muestras tu cargo ante los demás y más te sublimas personalmente al hacerlo.






