Ismael Benavides
Expreso, 31 de julio del 2026
No bien había terminado el discurso de la presidenta el 28, cuando los sesudos analistas políticos o aficionados ilustrados ya salían a los medios a criticarlo, sin haber profundizado mayormente en su intención, su contenido y los mensajes implícitos en él. No es realista pensar que en un discurso de 35 minutos se pueda cubrir todos los temas y menos entrar en los detalles para satisfacer todos los gustos y expectativas. El discurso fue al grano con un diagnóstico descarnado del Estado y 7 líneas matrices para su gestión en los próximos 5 años, mas no se podía esperar al inicio de un gobierno.
Lo que olvidan los comentaristas es de lo que nos salvamos a manos de la irresponsable izquierda peruana, los cuatro jinetes de la Apocalipsis, Nieto, López Chau, Belmont y el combo Antauro-Sánchez bajo el sombrero de Castillo. Recordemos el discurso de Pedro Castillo del 2021 y aquilatemos de lo que nos hemos salvado en esta elección del 2026. Fue un discurso de violencia y agresión, insultó al Rey de España y a gran parte de la sociedad peruana con su diagnóstico racista y excluyente, de que el Perú era dominado, según su criterio, por élites económicas y políticas que excluían al pueblo. Propuso impulsar una nueva Constitución, y cambiar el modelo económico vigente, donde el estado debería tener una mayor participación en sectores “estratégicos”. Enfatizó la falta de educación y salud en la zona rurales, sin decir que el Estado era el culpable, y la reivindicación de los pueblos originarios y los sectores históricamente excluidos, según él, de la sociedad peruana. Fue un discurso confrontacional e ideologizado, que dejó de lado los temas críticos que ya afectaban al pais, como la inseguridad ciudadana ya disparada con la participación de delincuentes extranjeros, la pobreza que se había elevado a más del 30% de la población, el desempleo que aumentó en 1 millón de personas y que estaban en la informalidad 13 millones de peruanos, el 77% de la fuerza laboral, y para colmo la inflación estaba en 7% anual, y mientras hablaba se fugaron 22 mil millones de dólares. Enorme diferencia con el discurso de Keiko Fujimori.
Los cuatro jinetes del apocalipsis nos hubieran ofrecido más de lo mismo que nos ofreció Castillo. Su intolerancia se reflejó en el retiro de sus parlamentarios del hemiciclo el 28 antes del discurso Presidencial, con fotos de los muertos de las asonadas del 2022 y 23 que quieren atribuir a Keiko en su nueva narrativa. En eso son expertos la izquierda, y vestidos de negro como sepultureros mostraron su esencia de intolerancia y obstruccionismo. Avisados estamos.
El discurso de Keiko fue una bocanada de aire fresco. No quiero entrar en detalles que todos conocemos y se han comentado. Con un tono dramático dio su diagnóstico de la situación del Estado y sus impactos sobre la población en inseguridad, el abandono de la salud y los terribles indicadores de desnutrición infantil y anemia, así como el evidente descuido y corrupción en el gasto público. Planteó 7 líneas matrices para su gestión con fuerte énfasis en social, y ratificó su respeto a la economía social de mercado, a la institucionalidad y a la Constitución vigente. Prometió cercanía del estado a la población, y una gestión con metas claras, medibles y ejecutables, así como importante ejecución de infraestructura que el país necesita hace décadas. Al sector privado le dio la seguridad del respeto a la propiedad privada, las leyes y a la estabilidad legal que es lo más importante para promover la inversión, es decir el marco ideal para generar confianza.
La transferencia del gobierno fue impecable, dando una muy buena imagen del país, y Keiko inició su gestión con sentido de urgencia, con un extenso Consejo de Ministros el propio 29 de Julio. Se necesita celeridad, la inseguridad acecha y el Niño amenaza, y los peruanos esperan cambios, excelencia en la gestión, ni un milímetro de tolerancia a la corrupción y transparencia y comunicación permanente.






