El rol de la clase dirigente
Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Director/Fundador de Lampadia
Desde hace algunos años mi actividad física se restringe a caminar y hacer un poco de ejercicio.
Cuando lo hago, casi todos los días, ‘camino y ca-miro’, aprecio los espacios de la ciudad y sus parques, sus estaciones, hace pocos días gozando especialmente de la ´luz de abril’, esa luminosidad especial de Lima en otoño.
Pero sobre todo observo a la gente, muchos niños, ancianos, amas y empleadas de hogar, jardineros, serenos y barrenderos, sin los cuales nadie podría gozar de la ciudad, deportistas y lectores, vendedores y mendigos.
Casi siempre me llama la atención la actitud de la gente. En general de gente sencilla, que está integrada con agrado a su espacio de vida. Muchos diálogos y sonrisas. Todas gentes que obviamente aspiran a una vida tranquila y próspera.
Sin embargo, cuando observo a estas gentes, no dejo de pensar cómo ellos, cada uno, siendo buenas personas y todos aspirantes, muchos no tienen la capacidad de moldear su espacio de vida, de diseñar la estructura de la sociedad, de organizar al conjunto de las gentes para vivir justamente en paz y prosperidad.
Y es que ese es el rol de la clase dirigente. Ese es el rol de los que tienen la capacidad es informarse, debatir y proponer políticas públicas, proyectos de inversión y/o desarrollos artísticos. Pero,
¿Qué pasa cuando los más capacitados no asumen el liderazgo?
¿Cuándo no confían en sus capacidades?
¿Cuándo están cómodos en sus balcones?
¿O cuándo se acobardan ante las dificultades evidentes de una sociedad aún en formación?
La anomia, le dicen. Pero la tragedia está más allá de esa palabra.
El resultado es una sociedad que no tiene norte, que no ha cuidado a sus referentes, que flota y deja pasar la vida sin aprovechar sus propias capacidades. Que en nuestro caso son muchas.
Es el colmo, que teniendo tantas capacidades para ser un país próspero, todavía no tengamos un norte común, una visión compartida de futuro.
Hace 30 años, como presidente de IPAE, en Arequipa, en CADE 96, en los albores del renacimiento de nuestra economía que con la fuerza de nuestra gente y la institucionalidad que nos brindó la Constitución de 1993, entonces ya crecía 7% por año, me tocó proponer la:
“Visión del Perú al año 2020”
El Perú será el país latinoamericano más integrado al mundo,
en el comercio, la inversión y la tecnología.
El Perú será una democracia avanzada, socialmente
integrada y plural, con educación y empleo de calidad , que
habrá eliminado la extrema pobreza.

Para la formulación de esta visión contribuyeron pensadores, intelectuales, empresarios e instituciones. La visión fue recogida positivamente por el presidente Alberto Fujimori y los principales medios del país. Luego del CADE, la sustentamos en el CAEM (hoy CAEN), en la Conferencia Episcopal y en la Asociación Nacional de Rectores.
Lamentablemente, pocos días después del CADE, se dio la toma de la Embajada de Japón por parte de los terroristas del MRTA, y se interrumpió su despliegue.
Posteriormente, nuestra clase dirigente perdió la oportunidad de retomarla y difundirla.
Vean los elementos que la componían y díganme si no llevaba la cimiente de un gran proyecto nacional de desarrollo integral.

¡Nunca es tarde para hacer las cosas bien!
Hoy, en medio de la polarización política y del desconcierto general sobre nuestro porvenir, me toca desempolvarla e invitar a nuestras gentes buenas a reflexionar sobre su oferta y significado.
“No hay nada más importante que tener una visión, la visión antecede al desempeño exitoso, es la fuerza que nos jala, la palanca más potente de la civilización, aquel hombre, aquella empresa, o aquella nación que cuenten con una visión excederán largamente sus propios recursos y capacidades”.
Joel Barker, futurista, escritor, conferencista y experto en los cambios de paradigmas.
Arequipa, 8 de diciembre, 1996
Ver en Lampadia (diciembre 2016):
Visión de Futuro, terrorismo y los medios
Lampadia






