Elmer Cuba
El Comercio, 24 de febrero del 2026
“Por las encuestas, el ausentismo y las vallas electorales, es posible que tengamos una suerte de tres tercios distintos”.
Restan apenas siete semanas para elegir a la próxima plancha presidencial de la República y al poderoso nuevo congreso bicameral.
Afortunadamente, el cambio de gobierno encuentra la economía peruana en un buen momento. La actividad económica viene a un buen ritmo (3,2%), una inflación estable, dentro del rango meta del BCRP, un déficit fiscal que viene reduciéndose hasta cumplir las reglas fiscales este año y un contexto internacional de tasas de interés estables y con términos de intercambio inmejorables. Claro que ello puede cambiar, si los países más poderosos no logran poner paños fríos a los latentes conflictos bélicos y comerciales a lo largo y ancho del mundo.
Domésticamente, han aparecido dos nuevos riesgos. En pocas semanas se ha configurado un posible fenómeno de El Niño, que puede pasar pronto de débil a moderado. En los próximos meses también puede disiparse o avanzar a otro nivel. Por si fuera poco, en pocos días también ha aparecido un nuevo encargado de la Presidencia de la República, que al momento de cerrar esta columna aún no ha juramentado a su Gabinete. En cuanto a su ideología económica es un político de izquierdas, tanto por su postulación dentro de Perú Libre, como por las leyes que ha propuesto y por su intento de volver a postular al Congreso bajo otro partido de izquierdas, que finalmente lo expulsó por sus ideas aberrantes sobre la sexualidad y la psicología de las adolescentes.
Como es notorio, el actual Congreso no cumple bien sus tres funciones básicas de legislar, control político y representación.
Muchas leyes dadas resultan nocivas para los ciudadanos. Por ejemplo, ha destruido las pensiones de los futuros jubilados. Asimismo, ha puesto en riesgo la solvencia fiscal, con iniciativas de gasto (prohibidas en la Constitución) y más exoneraciones tributarias. Mientras que es incapaz de legislar para la minería artesanal y de pequeña escala (ley MAPE).
Tampoco hace un buen control político de los ministerios del Interior, de Salud y de Educación. Estos tres muestran resultados muy pobres y afectan severamente el bienestar de los ciudadanos. No cumplen con su razón de ser y no rinden cuentas. El Congreso no actúa como intermediario entre el ciudadano y el Estado. No recoge las preocupaciones de la población. No representa.
Lamentablemente, es altamente probable que la composición del nuevo Congreso sea −en líneas generales− similar al actual, con algunos cambios de nombres de partidos. Si ello es así, tal vez nos esperen cinco años similares a los últimos diez.Por las encuestas, el ausentismo y las vallas electorales, es posible que tengamos una suerte de tres tercios distintos. Simplificando un poco, un sector de derechas, un sector de izquierdas y un tercer grupo abiertamente populista y amoral (usted sabe).Si esto se materializa, se está configurando un riesgo para las políticas públicas.
En la práctica hemos mutado de un régimen presidencial hacia un régimen más disfuncional, más “parlamentarizado” (cuatro presidentes en los últimos dos periodos presidenciales). Un antídoto a esta situación sería que el ganador logre una alianza de gobierno que le dé estabilidad durante los próximos cinco años. Una alianza de gobierno es lo mejor que le puede pasar al país. Una predictibilidad política lleva también a una menor rotación de la alta dirección del Ejecutivo y a mayores decisiones de gasto privado.
La sola estabilidad política puede llevar suavemente a la economía a dejar tasas del 3% hacia un 4%, incluso sin la necesidad de reformas sustantivas. Si a su vez estas se diesen, tal vez podríamos llegar hacia tasas del 5% al final del nuevo gobierno. Sin embargo, de prosperar partidos populistas que pongan en riesgo la estabilidad macroeconómica (quitarle reservas al Banco Central de Reserva), el país seguirá perdiéndole el paso a la economía mundial.






