Sebastian Acuri
El Comercio, 22 de abril del 2026
“Pensar en educación cívica es pensar en desarrollo. Desde una visión de largo plazo, invertir en ella permite proteger uno de los activos más valiosos del país y asegurar que la estabilidad macroeconómica se traduzca de manera sostenible en bienestar para todos los peruanos”, escribe Sebastian Arcuri, CEO & Country Head Scotiabank Perú.
El Perú ha demostrado que puede sostener la estabilidad económica incluso en contextos complejos. La pregunta es si esa fortaleza puede mantenerse cuando otros pilares de la vida pública avanzan a un ritmo distinto. ¿Qué condiciones son necesarias para que la estabilidad macroeconómica se sostenga en el largo plazo?
Uno de esos factores es la capacidad de generar previsibilidad política. Esta previsibilidad resulta clave para sostener decisiones económicas consistentes y de largo aliento. Cuando la incertidumbre política se prolonga, sus efectos no siempre son inmediatos, pero tienden a acumularse. ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una economía estable sin un entorno político predecible?
La pregunta de fondo, entonces, no es si el Perú ha sabido administrar su macroeconomía. Los resultados muestran que sí. El desafío está en identificar qué otros elementos permiten protegerla en el tiempo. Instituciones sólidas, liderazgo y una ciudadanía informada forman parte de esa ecuación.
En ese contexto, la educación cívica cumple un rol clave. Debe formar parte de la educación básica, permitiendo comprender cómo funciona el Estado, qué responsabilidades tienen las autoridades, cuáles son los derechos y deberes ciudadanos y cómo se procesan los desacuerdos dentro de reglas compartidas. ¿Qué tipo de democracia puede sostenerse si esa base no se fortalece desde etapas tempranas?
Una ciudadanía con mayor educación cívica eleva el nivel del debate público. Contribuye a expectativas más realistas, demandas mejor fundamentadas y una rendición de cuentas más efectiva. Este proceso toma tiempo, pero sus efectos son claros: decisiones públicas con mayor horizonte y menor volatilidad institucional.
La experiencia internacional refuerza esta relación. Países con altos niveles de cultura democrática y confianza institucional, como Noruega, Nueva Zelanda o Canadá, presentan también entornos económicos más predecibles. Han desarrollado ciudadanía e instituciones capaces de identificar tensiones y corregirlas oportunamente. ¿Es casualidad que estabilidad política y estabilidad económica tiendan a avanzar juntas?
El vínculo entre ambas no es automático, pero sí estrecho. Una sociedad que comprende y valora sus reglas comunes contribuye a reducir la incertidumbre y a generar mejores condiciones para la inversión, el empleo y el crecimiento sostenido. La estabilidad requiere atención permanente y esfuerzos compartidos.
Pensar en educación cívica es pensar en desarrollo. Desde una visión de largo plazo, invertir en ella permite proteger uno de los activos más valiosos del país y asegurar que la estabilidad macroeconómica se traduzca de manera sostenible en bienestar para todos los peruanos.






