Juan Carlos Mathews
Expreso, 15 de abril del 2026
Luego de la crítica situación económica que enfrentó el país al cierre de la década de 1980, a inicios de los años noventa el Perú optó por su reinserción en el sistema financiero internacional y por el cumplimiento de sus obligaciones externas, que en ese momento ascendían a aproximadamente 22 mil millones de dólares.
Esta decisión implicó la implementación de un severo, pero necesario, programa de estabilización económica orientado a recuperar la credibilidad del país y normalizar las relaciones con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. El Perú había sido excluido del financiamiento multilateral tras la decisión del gobierno anterior de limitar el pago de la deuda externa al 10 % de sus exportaciones.
Desde entonces, la trayectoria del endeudamiento público ha mostrado una evolución relativamente ordenada. Entre el año 2000 y el 2025, la deuda pública como porcentaje del PBI promedió alrededor de 32 %, alcanzando un máximo cercano al 49 % en el 2003 y un mínimo cercano al 20 % en el 2013. Este comportamiento refleja un manejo fiscal prudente, en línea con las reglas macrofiscales adoptadas en las últimas décadas. En la actualidad, el Perú mantiene uno de los niveles de deuda pública más bajos de América Latina. Para el 2026, se estima que esta se sitúe alrededor del 32 % del PBI, lo que confirma una posición fiscal relativamente sólida en comparación con otros países de la región. Este nivel de endeudamiento, junto con un déficit fiscal en proceso de reducción hacia el 1.8 % del PBI, constituye un ancla importante de estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, esta situación favorable no debe generar complacencia. La sostenibilidad fiscal depende no solo del nivel de deuda, sino también de la calidad del gasto público y de la capacidad del Estado para generar ingresos de manera sostenida. En ese sentido, resulta fundamental mantener un equilibrio entre disciplina fiscal y crecimiento económico.
Uno de los principales desafíos es evitar presiones innecesarias sobre el gasto público. En los últimos años, diversas iniciativas legislativas han planteado incrementos significativos en el gasto sin el debido respaldo presupuestal, lo que podría comprometer el equilibrio fiscal. La expansión del gasto corriente, los rescates a empresas públicas y la aprobación de medidas sin sustento técnico representan riesgos que deben ser cuidadosamente evaluados.
Es indispensable fortalecer los ingresos fiscales, ampliando la base tributaria y reduciendo los altos niveles de informalidad que caracterizan a la economía peruana. Sin una mejora sostenida en la recaudación, cualquier intento de expansión del gasto terminará financiándose con mayor endeudamiento.
Los parámetros de endeudamiento establecidos en la Ley de Endeudamiento del Sector Público cumplen un rol clave al regular las operaciones financieras del Estado y asegurar que el financiamiento responda a objetivos claros, como la reactivación económica y la sostenibilidad fiscal. Un respaldo adicional lo constituyen las reservas internacionales, que superan los 95 mil millones de dólares y que actúan como un colchón frente a choques externos. No obstante, estas no deben ser vistas como un sustituto de la disciplina fiscal, sino como un complemento.
El nuevo gobierno que asumirá funciones en los próximos meses tendrá la responsabilidad de preservar estos equilibrios. Ello implica revisar con rigor técnico todas aquellas propuestas que incrementen el gasto público sin financiamiento claro, así como definir prioridades de inversión alineadas con los principales desafíos del país.
El problema central del Perú sigue siendo la pobreza. En consecuencia, el endeudamiento público debe orientarse a financiar inversiones que generen crecimiento y bienestar, especialmente en sectores como educación, salud e infraestructura. Porque, en última instancia, la deuda no es un problema en sí mismo. El problema es cómo se usa. Y de esa decisión depende si el endeudamiento se convierte en una herramienta de desarrollo o en una carga para el futuro.






