Fernando Málaga Checa
Para Lampadia
Lo dijo Ramiro Prialé en 1956 y yo ahora digo “PACTAR NO ES CLAUDICAR”, o no lo es necesariamente.
Eso dependerá de aquello que se pacte, mientras el contenido del pacto sea transparente y no arreglos bajo la mesa que consagren beneficios personales en perjuicio de la nación o los altos intereses del Estado, no habría nada de censurable en éstos.
Si se tratase de políticas públicas que deben consensuarse entre partidos que representen lealmente los intereses de sus representados tendría todo el sentido del mundo buscar los términos medios entre distintas posiciones políticas.
Esto es así, porque en la política como en la vida, como cantan los Rolling Stones “You can´t allways get what you want” y si no se puede obtener todo lo que se desea, tiene mucha lógica lograr algo a cambio de ceder algo a la contraparte.
Es de esta manera como funcionan todos los parlamentos del mundo, sin ceder en cuestiones de principios, pero si en todo aquello que avance los puntos de vista de las respectivas partes siempre que las parte involucradas puedan convivir con los resultados de lo pactado.
No hay más que ver casos donde hay pocos partidos predominantes como en el Reino Unido, donde incluso dentro del partido que detenta el poder los cargos de ministros son objeto de intensas negociaciones entre partidarios para acomodar, las distintas facciones de este, o países de varios partidos como el caso de Italia en el que se negocia incluso los puestos ministeriales para poder formar los gobiernos de coalición que son los usuales de ese país.
O en los países escandinavos donde en medio de una seráfica paz política, se procede de la misma manera. Al respecto para quienes tienen Netflix, la serie Borgen es un clásico ejemplo de ‘Horse trading’ político.
Lo diferente en estos casos es que las negociaciones son sobre políticas y tienen un reflejo público que las hace “sobre la mesa”.
La conclusión es que aferrarse a posiciones innegociables e irreductibles solo lograría una parálisis que no beneficiaría a ninguna de las partes y mucho menos a quienes estas representan. Es conocido también casos como Bélgica donde la negativa a ceder posiciones, en ocasiones ha llevado al país a estar paralizado sin gobierno por varios meses.
En la política internacional negociar posiciones es tan natural como el respirar y a nadie se le ocurriría llamar a estas negociaciones “repartija”. Esta palabra, creación heroica de la política peruana, tiene un sentido y contenido muy claro: se refiere a los pactos bajo la mesa que algunos congresistas han venido realizando los últimos 10 años. Algunos se pueden visualizar porque se hace evidente que las leyes que se promulgan benefician directamente a los grupos de mayor presencia en el Congreso como el caso de la “Ley Soto”, pero otros pactos son más difíciles de percibir cómo por ejemplo “Yo contrato como asesor a tu sobrino y tu contratas a mi nuera”.
Eso, en mi opinión es la verdadera definición de “repartija” y solo llega a conocimiento público cuando es de interés de acuciosos periodistas, no siempre imparciales.
Pero las malas conductas de un Congreso ampliamente repudiado por el 95% de los votantes no tiene necesariamente que ser la conducta del Congreso bicameral recientemente elegido.
Las elecciones recientemente producidas podrían darnos una oportunidad para que se dé una nueva forma de legislar en base a consensos logrados pública y abiertamente en base a programas y políticas de Estado que nos permitan conciliar la política con la hasta ahora muy estable economía y en consecuencia aprovechar el super ciclo de los metales para crecer al 6% o más, a fin de tener más inversiones, más trabajo formal, mejor educación pública combatir la desnutrición y la anemia para dar un mejor futuro a las nuevas generaciones de peruanos.
Lampadia






