Anthony Laub
Perú21, 13 de mayo del 2026
“Los peruanos siempre encontramos la manera de evadir nuestra responsabilidad, la real (no esa entelequia política que no acarrea sanción), esa que debiera pagarse social, pecuniaria o carcelariamente”.
Vivimos en un país en el que los conceptos son entes etéreos que se acomodan a la situación de turno o a quien las diga, en el que las normas y las responsabilidades son moldeables y donde las respuestas siempre son esquivas o encuentran algún vericueto para evadir las consecuencias que debieran derivarse o que buscan minimizar la gravedad de las cosas.
“No fue golpe de Estado, fue una proclama”, con ocasión del fallido golpe de Estado de Castillo.
“No fue una asonada con asesinatos, fue una gesta política”. Roberto Sánchez, elogiando a Antauro Humala.
“No es apología al terrorismo, es libertad de expresión”, Guido Bellido homenajeando a figuras de Sendero Luminoso como Edith Lagos.
“No se cayó, se desplomó”, dicho por el exgerente de infraestructura vial de EMAPE con ocasión del colapso del puente Talavera.
“No es plagio, es copia”, Acuña justificando su apropiación de un texto ajeno.
“Nosotros matamos menos” infame frase de Jorge Trelles.
“Son solo irregularidades que no han influido en las elecciones”, justificación de la ONPE, el JNE y algunos periodistas, para lavar las maculadas elecciones.
“Hubo errores, no delitos”, “es una persecución política”, “me han sacado de contexto”, “esa no es mi letra”, “asumo mi responsabilidad… política” y así ad infinitum y ad nauseam.
Desde el famoso “Sí, pero no” o el “no te preocupes hermanito”, pasando por el “de todas maneras” y tantas otras frases hechas que solo sirven para justificar exactamente lo contrario, los peruanos siempre encontramos la manera de evadir nuestra responsabilidad, la real (no esa entelequia política que no acarrea sanción), esa que debiera pagarse social, pecuniaria o carcelariamente.
Lo vivido en estos últimos 10 años con 8 presidentes (uno peor que el otro), con 3 Congresos (nuevamente, uno peor que el otro), con 11 fiscales de la nación (sí, uno peor que el otro), con centenas de ministros (en efecto, uno peor que el otro), con 36 candidatos (sí, una vez más, uno peor que el otro) en las pasadas “elecciones” (si a ese mamarracho se le puede llamar así), es de terror.
Estamos tan podridos que ya el hedor y la virulencia ni nos raspan, y si ello pasase, siempre tendremos a la mano una frase de mierda con la que inmunizarnos. En el Perú no se discuten hechos, se negocian significados y las palabras no describen la realidad: la encubren.
Reventemos todo de una vez, elijamos al peor de todos.






