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Lima-Perú, 10/06/2022 a las 12:06am. por Fausto Salinas Lovón

Reforma Judicial

CUENTOS CAVIARES (I)

Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia

En el preámbulo de esta tragedia nacional hay varios cuentos caviares que explican lo que estamos viendo. Uno de ellos es la cacareada “Reforma Judicial”. Ese cuento explica cómo hoy todas las criaturas de la izquierda, Castillo y Cerrón a la cabeza, Bruno Pacheco, Pinturita, los sobrinos y Silva, evaden la justicia. Gracias a ese cuento, no deberá extrañarnos que, tal como señalan bien las redes sociales, podemos llegar a un escenario en el cual no pase nada así veamos a Castillo recibiendo coimas en vivo y directo por cadena nacional.

La Reforma Judicial fue uno de los cuentos más rentables que los caviares inventaron para sostener a Vizcarra y apartarlo de la alianza obvia que debió hacer para ser leal al sentido del voto recibido el 2016.  Este cuento, inventado luego de que se revelaran los audios de los jueces corruptos del Callao y la Corte Suprema, convirtió a Vizcarra y a su entorno caviar en falsos adalides contra la corrupción, le permitió a él pasar a ocupar toda la iniciativa política y la media, le hizo posible desarmar el Consejo Nacional de Justicia y determinar su nueva composición, le permitió que sus aliados en la fiscalía persigan a sus enemigos políticos, le permite hasta hoy evadir la justicia y, sobre todo, le permitió que nada cambie en el Poder Judicial y que el statu quo del cual se benefician algunos magistrados, muchos abogados, políticos, lobistas y litigantes, se mantenga tal y como estaba, sin cambios relevantes.

El pueblo, ignorante de los avatares judiciales (junto con varios respetables juristas e instituciones), aplaudió las medidas. En el primer caso por candidez e ignorancia, en el segundo, por obvios intereses en consultorías, designaciones, nombramientos y honores.

La Reforma Judicial hizo ruido, pero no consiguió nada relevante:

  • Cambiar el CNM por la JNJ no es ni meritorio, ni relevante, ni mucho menos suficiente si jueces y fiscales corruptos tardan años en ser separados del cargo o nunca lo serán.
  • La Reforma Judicial no sirve si en la Corte Suprema siguen las cosas como estaban y decenas de miles de casos duermen y la Fiscalía de la Nación no investiga a quienes debe investigar.
  • La Reforma Judicial no sirve si los Órganos de Control de la Magistratura sólo sancionan lo obvio y dejan pasar, bajo el mantra del “criterio jurisdiccional”, las inconductas más rentables.
  • La Reforma Judicial no sirve si las fiscalías evaden su responsabilidad de perseguir el delito dejando que venza el tiempo de la investigación sin actuar nada y disimulando su mala actuación con acusaciones sin sentido en casos mediáticos.
  • La Reforma Judicial no sirve si la justicia anticorrupción tiene hemiplejia y sólo persigue a un lado de la política y la delincuencia nacional.
  • Tampoco sirve si en Lima, la Corte más lenta del país, la admisión de una demanda demora más de 3 meses, los procesos no contenciosos tardan años o las apelaciones se elevan a ruego y después de meses.
  • La Reforma Judicial tampoco sirve si las libertades provisionales, las prisiones preventivas, las variaciones de mandatos de detención siguen siendo negocios libres de algunos jueces.
  • La Reforma Judicial no sirve si no se cortan los vasos que comunican a la justicia con la defensa, la política, el poder mediático o el poder económico.
  • La Reforma Judicial no sirve si la “familia judicial” litiga o si esta tiene asientos en la acusación, el juzgamiento y la defensa.

La designación en curso de nuevos Jueces Supremos y el desempeño que tengan los dos nuevos Fiscales Supremos designados por la JNJ permitirá corroborar este lamentable diagnóstico o mostrarnos que no todo está tan mal como parece.

Si la corrección política de los elegidos, su adscripción a los credos jurisdiccionales en boga o sus diplomas de papel pesan, es probable que nada cambie.

Si en cambio, se evalúa la performance económica de los postulantes, si se revisa su desempeño jurisdiccional o profesional y el manejo de los despachos y cargas procesales, si se revisa su criterio en casos críticos, si se pondera su autonomía frente al poder político, económico, social o mediático, tal vez tengamos nuevos aires y mejores vientos en la Justicia.

Sin embargo, esto será solamente el principio. La verdadera mejora del sistema de justicia requiere, entre muchas otras reformas técnicas, lo siguiente:

  • Que el procesamiento de jueces y fiscales corruptos sea justo pero sumario y ejemplificador, tanto en las Oficinas de Control como en la JNJ.
  • Celeridad en la resolución de casos, desbrozando la carga judicial de la maleza recursiva en la Corte Suprema que no busca unificación de criterios o el establecimiento de jurisprudencia, sino dilatar la ejecución.
  • Exigiendo desde el Congreso a la Fiscalía de la Nación resultados concretos en la persecución del delito, sobre todo del gran delito, del delito que se esconde en las ánforas, en los votos y en el sistema político.
  • Modificando las leyes del Poder Judicial para que los “criterios jurisdiccionales” interesados o contaminados no sean el refugio de la inconducta.
  • Modificando las leyes del Poder Judicial y del Ministerio Público para que la “familia judicial” no tenga vasos comunicantes y ventajas.
  • Estableciendo indicadores de desempeño fiscal, según los cuales las investigaciones concluidas por vencimiento del plazo o las investigaciones que no tienen acusación en plazos razonables o que no cuentan con acusación sean demérito, causal de cese o impedimento de ascenso.
  • Desalentando la litigiosidad inconducente con el incremento de las tasas judiciales en los casos comerciales y civiles, de manera que el litigio sea la última ratio para las partes y no una secuela más del conflicto o una moneda de cambio entre las partes.
  • Extrayendo de manera definitiva del ámbito judicial los temas de menor relevancia como los divorcios, las sucesiones intestadas, los inventarios, entre otros, sin permitir su re encauzamiento judicial por oposiciones, observaciones o similares.
  • Reformar las normas procesales para que las condenas de costos y costas sean disuasivas, de forma tal que se frene la litigiosidad inconducente.
  • Sancionar a los funcionarios públicos o privados que desacatan mandatos judiciales de manera deliberada, particularmente los mandatos judiciales reiterativos y dictados en casos análogos, que solo abarrotan de causas los juzgados y tribunales, impidiendo que los jueces se ocupen de los temas relevantes y que necesitan pronunciamiento judicial.

La Reforma Judicial ha sido un cuento caviar.  Hablemos más bien de LA MEJORA DEL SISTEMA DE JUSTICIA. Convirtamos a esta en una necesidad nacional. Nunca se debió permitir que sea una necesidad política o un cuento caviar.

Para lograr mejoras en el sistema de justicia y conservar lo que está bien, funciona y resuelve conflictos apropiadamente, empoderar a los buenos jueces y fiscales, separar el trigo de la paja y cambiar lo que está mal y no debe continuar, no debemos dejar que este tema siga siendo un cuento de políticos. Si no lo hacemos, aparecerá otro cuentista para decirnos lo que debemos hacer. Lampadia

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