Uri Landman
Para Lampadia
Este fin de semana los peruanos acudimos a las urnas nuevamente para elegir autoridades, esta vez gobernadores regionales y alcaldes. Según datos del Jurado Nacional de Elecciones se elegirán 25 gobernadores regionales, 196 alcaldes provinciales y 1,696 alcaldes distritales. Ello además de miles de consejeros y regidores; en total 13,148 autoridades en todo el país. Una verdadera locura burocrática.
Mientras que la lógica y la experiencia en distintas partes del mundo enseña que, para poder administrar mejor y con los suficientes recursos, se necesitan economías de escala, en nuestro país hacemos todo lo contrario y cada vez tenemos más municipios, cada vez más pequeños, con menos habitantes y escasos recursos.
Hagamos un pequeño ejercicio comparativo para ver la magnitud del problema.
Voy a usar a Brasil, un país de 220 millones de personas, para comparar la cantidad de regiones y el número de municipios que tenemos en Perú versus la cantidad que tienen en Brasil.
Mientras Brasil con sus 220 millones personas tiene 26 estados, en el Perú con 35 millones de habitantes tenemos 25 regiones.
Si usáramos la misma proporción que Brasil, deberíamos tener no más de 5 regiones.
Para el número de municipios el caso es parecido. Brasil cuenta con 5,568, mientras el Perú con 1,696.
Si usáramos la misma lógica anterior, nuestro país no podría tener más de 885 municipios, la mitad de lo que tenemos hoy en día.
El abultado número de regiones y de municipalidades es una de las causas por las que un gran porcentaje de los presupuestos locales se destinan a pagar burocracia en lugar de obras. Y las pocas obras están plagadas de corrupción.
Otro problema que esto conlleva es la escasa o nula supervisión que los órganos de control, como la Contraloría, ejercen sobre un número tan grande de gobiernos subnacionales.
Ello a su vez se magnifica ya que cada gobernador regional o alcalde se cree un reyezuelo al mando de su región o municipio con un mal entendimiento de los que significa independencia administrativa.
Para decirlo en palabras fáciles, cada autoridad cree que puede hacer lo que se le da la gana sin rendirle cuentas a nadie. No es de sorprender que más del 80% de gobernadores regionales termine denunciado o preso por corrupción. El caso de los alcaldes es parecido. Existen más de 2,000 investigaciones por corrupción de alcaldes reportados por la Defensoría del Pueblo.
En lugar de tener pocas regiones, con un limitado número de funcionarios públicos capacitados y eficientes, con grandes presupuestos para ejecutar obras de infraestructura como carreteras, hospitales y colegios, tenemos todo lo contrario.
En el Perú los gobiernos regionales y municipales gastan más del 80% de sus presupuestos en gasto corriente (planillas y servicios) y solamente el 20% en gasto de capital como obras públicas.
Este es uno de los problemas que enfrentó el señor López Aliaga cuando fue elegido alcalde de Lima en el año 2023.
En aquella oportunidad López Aliaga encontró una municipalidad quebrada, llena de asesores y empleados fantasma.
Según su propia versión, la municipalidad de Lima tenía 13,500 trabajadores cuando él ingresó a la alcaldía.
Según sus indicadores de gestión la planilla no debía tener más de 7,000 personas.
Con los cientos de millones de soles que ahorró en personal, pudo empezar las mega obras que hoy en día están siendo culminadas en la ciudad.
Uno de los grandes culpables de esta situación es el Congreso, quien es el responsable por ley de la creación de nuevos municipios. Para finales del año 2025, los irresponsables padres de la patria habían presentado más de 50 proyectos de ley para la creación de más municipios en un claro afán populista.
Al cierre de esta edición, el señor López Aliaga había ganado las elecciones para la alcaldía de Lima con el 31.2% de los votos, quedando en segundo lugar Francis Allison con el 25.2% y en un distante tercer puesto, Calos Bruce con 15.9% de las preferencias.
No quiero terminar este artículo sin mencionar otra elección que ha pasado casi desapercibida para los peruanos en medio del calor de la campaña municipal, pero que es de vital importación para el panorama político de la región y me refiero a las elecciones presidenciales de primera vuelta en Brasil.
Contra todo pronóstico y ante el dolor de los izquierdistas latinoamericanos, Flávio Bolsonaro (el hijo del expresidente Jair Bolsonaro) ha quedado primero con el 47% versus el 45% de los votos del corrupto Lula.
Si el resultado se repite y Flávio Bolsonaro derrota a Lula en la segunda vuelta el 25 de octubre, se escribirá un nuevo capítulo en la historia de nuestro continente en donde la izquierda ha perdido de manera estrepitosa en casi todos los países de la región.
Esperamos que estos gobiernos den la talla y se pongan a la altura de la responsabilidad histórica que les toca, para demostrar que la única manera de sacar a nuestra región del subdesarrollo es con políticas de libre mercado, responsabilidad fiscal y estados pequeños y eficientes.
Lampadia






