Ricardo León Dueñas
Expreso, 14 de mayo del 2026
«Los inexplicables ataques de López Aliaga -y algunos de sus votantes- a la también derechista Keiko Fujimori -Clara ganadora de la primera vuelta- vienen contribuyendo a mellar la unidad de una tendencia que debe ser monopolítica de cara a enfrentar a Roberto Sánchez, el contediente de Fujimori en el «Ballotage» del domingo 7 de junio».
Mucha, demasiada agua ha corrido desde el “lejanísimo” domingo 12 de abril, día en que se llevaron a cabo las convulsionadas elecciones generales para elegir a quienes nos gobernarán en el periodo 2026-2031. La vorágine de los acontecimientos ha sido abrumadora. Uno mismo tiene que reconocer que ha pasado por todo tipo de sensaciones y opiniones que podrían tranquilamente contraponerse unas con otras en —inclusive— pocas horas, evidenciando así una situación inédita en la reciente, trastornada y azarosa vida política de nuestro país.
No tenemos la menor duda de que la primera vuelta se llevó de la peor manera posible. Las múltiples irregularidades, estropicios y conductas fraudulentas —llamémoslo como quieran— no pueden dejarse de lado. Las graves infracciones administrativas y penales de las autoridades electorales de la ONPE y el JNE —con sus funcionarios renunciantes y vigentes— deben ser investigadas y sancionadas, caiga quien caiga. De eso no cabe la menor duda.
Dicho todo ello, con el pasar de los días y conociendo muchos de los indicios de irregularidades que se han venido mostrando —mesas no instaladas, “aparición” de mesas en centros poblados, etc., etc.—, consideramos que estas no ameritan ni elecciones complementarias —el número e impacto no alcanzan para una decisión de esta naturaleza— ni, menos aún, una anulación parcial o total de los comicios electorales. No hay marco legal ni constitucional para ello. La vida, la política y las elecciones continúan.
Es verdad que el principal perjudicado de este desmadre que nos ha puesto penosamente en la vitrina mundial como un país “chicha” ha sido el candidato de la derecha conservadora Rafael López Aliaga, pero sus reacciones, así como las de sus fervientes seguidores, solo han servido para atizar el fuego e inclusive crear un cisma al interior de la derecha misma, una muy peligrosa situación ad portas de la segunda vuelta.
Los inexplicables ataques de López Aliaga —y algunos de sus votantes— a la también derechista Keiko Fujimori —clara ganadora de la primera vuelta— vienen contribuyendo a mellar la unidad de una tendencia que debe ser monolítica de cara a enfrentar a Roberto Sánchez, el contendiente de Fujimori en el “ballotage” del domingo 7 de junio.
Lo pragmático, lo que los abogados conocemos como “la primacía de la realidad”, nos dice que debemos enfocarnos en la segunda vuelta; así, los que nos consideramos del centro a la derecha debemos cerrar filas en torno a Keiko Fujimori, quien ha llevado una campaña sensata, madura y serena. En su cuarto intento por llegar al sillón presidencial, la hija de Alberto Fujimori ha conseguido bajar ese atávico antifujimorismo —hoy antikeikismo— presentándose como una alternativa seria y viable al izquierdismo desfasado y extremista que representa el comunista Roberto Sánchez, el heredero del golpista Pedro Castillo.
El Perú no puede experimentar una vez más con gente retrógrada y peligrosamente antidemocrática. Repito: los votantes del centro a la derecha tienen la ineludible obligación de unirse y evitar el descalabro que significaría el acceso de la ultraizquierda al poder. Advertidos quedamos.






