Dr. Ing. Raúl Delgado Sayán
UNI 1966. CIP 9927
Presidente Directorio CESEL S.A.
Miembro Director Emeritus del External Advisory Board
Civil and Environmental Engineering
Georgia Institute of Technology
Para Lampadia
“La previsión no evita los peligros, pero evita que se conviertan en catástrofes”. — Adaptado del pensamiento de Seneca
El 20 de abril de 2026, un sismo de magnitud 7.4 Mw sacudió el mar frente a Miyako, Japón. A pesar de su intensidad, los efectos en Japón fueron relativamente contenidos: cortes de energía, suspensión de trenes, decenas de edificaciones dañadas en Aomori, una carretera afectada en Ishinomaki, seis personas heridas y evacuaciones masivas en varias prefecturas. Un país altamente preparado logró contener los impactos de un evento sísmico severo.
Pero la pregunta incómoda es inevitable: ¿qué habría pasado si ese mismo sismo hubiera ocurrido en Lima?
Séneca distinguía entre aquello que está fuera de nuestro control —como la ocurrencia de un terremoto— y aquello que sí depende de nosotros: el nivel de preparación, la calidad de la infraestructura y la capacidad de respuesta. Anticipar escenarios adversos no busca generar temor, sino evitar que nos tomen por sorpresa y reducir la vulnerabilidad.
Y en la Costa Verde, esa vulnerabilidad no es una hipótesis. Es una condición conocida.
Tanto Japón como el Perú se ubican en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas geológicamente más activas del planeta, donde ocurre aproximadamente el 90% de los sismos y cerca del 80% de los tsunamis a nivel mundial.
Esta condición compartida no es menor: define un contexto de amenaza permanente que exige niveles de preparación, monitoreo e infraestructura resiliente a la altura del riesgo.

Mapa de ubicación del Cinturón del Fuego en el Pacífico
Ilustración propia generada con IA.
Un sistema al límite
Los acantilados de la Costa Verde, que alcanzan hasta 70 metros de altura, no son formaciones rocosas sólidas. Son depósitos geológicos relativamente jóvenes: gravas, arenas y limos compactados de manera heterogénea, permanentemente sometidos a erosión marina. En términos de ingeniería geotécnica, se trata de un sistema metaestable, es decir un sistema con estabilidad limitada, permanece estable en condiciones normales, pero puede volverse inestable rápidamente ante cambios como un sismo o la erosión continua.
En estado normal, el factor de seguridad de estos taludes es apenas suficiente. Bajo un sismo fuerte, ese equilibrio se rompe. La vibración sísmica incrementa las fuerzas desestabilizadoras y reduce la resistencia del suelo. El resultado es conocido: deslizamientos, desprendimientos y colapsos.
No es una hipótesis. Ya lo hemos visto.
El sismo de magnitud 6.1 ocurrido en Lima en junio del año pasado —mucho menor que el de Japón— generó desprendimientos de rocas y una densa polvareda a lo largo de la Costa Verde, interrumpiendo el tránsito. Ese evento liberó una energía equivalente a 21,301 toneladas de TNT. Un sismo de 7.4 Mw, como el de Miyako, libera aproximadamente 1,898,490 toneladas de TNT: 89 veces más energía.
No hace falta imaginar demasiado para entender la diferencia.

15 de junio de 2025, 11:35 a.m. ocurrió un sismo con epicentro a 30 km al suroeste del Callao, Magnitud 6.1 y a 49 km de profundidad.
En la Costa Verde tuvo los efectos que se aprecian en las fotos. Debemos recordar que el Sismo 7.4 Mw similar al ocurrido en Japón sería 89 veces más fuerte en energía liberada y el Megasismo 8.8 Mw pronosticado por el IGV para Lima y Callao sería 11,220 veces más fuerte en energía liberada.
El escenario probable en Lima
Para estimar qué pasaría en los Acantilados de la Costa Verde de producirse en Lima un sismo de similar magnitud al ocurrido el 20 de abril en Japón, se realizó un modelamiento del escenario tipo ingeniería conceptual + estimación cuantitativa de daños con ayuda de la IA. A continuación, resumimos los principales puntos de este modelamiento.
Un sismo de magnitud 7.4 en Lima no sería un evento “moderado”. En la Costa Verde, sería un disparador de inestabilidad masiva.
Los análisis conceptuales indican que entre un 30% y un 70% del frente de acantilados podría experimentar deslizamientos. No se trataría de pequeños desprendimientos aislados, sino de fallas extensas, con volúmenes de material que podrían alcanzar millones de metros cúbicos.
La autopista de la Costa Verde quedaría bloqueada en múltiples puntos, probablemente inutilizable durante horas o días. Pero ese es solo el inicio.
En la parte superior, en distritos como Miraflores, Barranco y Chorrillos, las consecuencias serían más complejas: grietas en el terreno, pérdida de soporte en bordes de acantilado y daños en edificaciones cercanas.
Las estimaciones indican que entre 15 y 80 edificios podrían colapsar completamente en zonas críticas, mientras que entre 100 y 250 sufrirían daños severos. No estamos hablando de un colapso generalizado de la ciudad, pero sí de un evento altamente destructivo en una franja específica y densamente utilizada.
Y luego está el factor humano.
El costo humano evitable
La Costa Verde no es solo una vía rápida que conecta múltiples distritos. Es un espacio intensamente ocupado: tránsito vehicular, playas, ciclovías, zonas recreativas. En un día típico, miles de personas se encuentran en esa franja.
En un escenario de sismo 7.4 durante el día, las estimaciones razonables sitúan las pérdidas humanas entre 200 y 1,500 fallecidos, con miles de heridos. En condiciones más críticas —hora pico y en temporada de verano— esa cifra podría escalar a entre 1,000 y 3,000 víctimas fatales.
Lo más preocupante es que muchas de estas muertes no se producirían por el colapso de edificios, sino por algo más básico: personas atrapadas por derrumbes, vehículos sepultados, evacuaciones imposibles en cuestión de segundos.
El rol subestimado del tsunami
Existe una percepción errónea: que solo los grandes tsunamis, de varios metros de altura, representan un peligro significativo. La evidencia científica demuestra lo contrario.
Incluso olas menores a un metro pueden causar daños severos. No por su altura, sino por la velocidad del flujo, la fuerza del reflujo y los materiales que arrastran. Como señala la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de EE.UU., olas fuertes de apenas 15 centímetros de altura pueden derribar a una persona, y olas fuertes de 30 a 60 centímetros de altura pueden arrastrar vehículos.
En la Costa Verde, el problema no sería solo la inundación. Sería la erosión en la base del acantilado.
El impacto del agua, sumado al arrastre de piedras, troncos y escombros, debilitaría la parte inferior del talud. Pero el momento más crítico ocurre después: cuando el agua se retira. El reflujo genera un efecto de succión que erosiona aún más la base, provocando lo que en geotecnia se conoce como el desarrollo de un círculo de falla. En ese instante, el acantilado pierde estabilidad y puede colapsar súbitamente.
No se necesita un tsunami devastador. Basta con uno moderado —del orden de 80 centímetros— actuando sobre un sistema ya debilitado por un sismo.

El espejismo del “gran terremoto”
Durante años, el debate sísmico en Lima ha estado dominado por la posibilidad de un gran evento, del orden de magnitud 8.8 Mw, como el que el Instituto Geofísico del Perú ha advertido.
Ese escenario es real y preocupante. Pero también ha generado un efecto colateral: la falsa sensación de que todo lo que esté por debajo es manejable.
No lo es.
Un sismo de 7.4 Mw —125 veces menor en cuanto a energía liberada que uno de 8.8, pero aun así gigantesco— sería suficiente para desencadenar una crisis grave en la Costa Verde. No por la magnitud absoluta, sino por la vulnerabilidad acumulada del sistema.
El peligro no está en el evento extremo improbable. Está en el evento probable sobre un entorno frágil.
Una solución posible
Frente a este panorama, la inacción no es una opción.
Desde 2019, el suscrito junto a un equipo de especialistas ha desarrollado un proyecto integral de reforzamiento de los acantilados de la Costa Verde, posteriormente respaldado por expertos del Georgia Institute of Technology. La propuesta no es cosmética; es estructural.
Incluye la reconfiguración del talud mediante terrazas (andenería) con vegetación nativa, lo que reduce la carga y mejora la estabilidad. Propone la construcción de un muro de concreto armado inclinado, de aproximadamente 18 metros de altura en la base del acantilado, diseñado para resistir tanto el impacto como el reflujo de un tsunami.
Este muro no solo protege: sirve de soporte para un sistema de anclajes postensados que incrementan significativamente el factor de seguridad del talud, incluso ante cargas adicionales como edificaciones en la parte superior.
A ello se suman rampas de evacuación y plataformas de seguridad cada 400 metros, permitiendo que cualquier persona en la playa pueda acceder a una zona segura en menos de 200 metros.
El costo estimado del proyecto es de entre 700 a 900 millones de dólares. Este monto en realidad es una fracción del costo humano y económico de producirse un colapso mayor.

No esperemos el desastre
La evidencia es clara. No estamos ante una amenaza hipotética ni remota. Estamos ante un riesgo conocido, estudiado y cuantificable.
Sabemos que los acantilados son inestables. Sabemos que los sismos en Lima son inevitables. Sabemos que incluso eventos menores a los escenarios más extremos pueden desencadenar fallas significativas.
Y, lo más importante, sabemos que existen soluciones.
La historia de los desastres no está escrita solo por la naturaleza, sino por las decisiones humanas. Muchas tragedias no ocurren por falta de conocimiento, sino por falta de acción oportuna.
Esperar al “gran terremoto” para actuar es, en sí mismo, un error estratégico. Porque cuando ocurra —sea 7.4 o 8.8— ya será demasiado tarde.
La Costa Verde, uno de los espacios más emblemáticos de Lima, es también uno de los más vulnerables. Ignorar esa realidad no la hace desaparecer. Solo la vuelve más peligrosa.
La pregunta ya no es si ocurrirá un sismo. La pregunta es si, cuando ocurra, habremos hecho lo necesario para evitar que se convierta en una tragedia anunciada.
Lampadia
Bibliografía:
Delgado R. Yungay y la Costa Verde: ¿Esperaremos otra catástrofe anunciada? Diario El Comercio. 04.03.2026. https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/yungay-y-la-costa-verde-esperaremos-otra-catastrofe-anunciada-por-raul-delgado-sayan-noticia/
Delgado R. Los acantilados de la Costa Verde pueden colapsar sin un gran sismo. Lampadia. 13.08.2025. https://www.lampadia.com/analisis/infraestructuras/pueden-colapsar-sin-un-gran-sismo/
Delgado R. Ingeniería para No Ingenieros (VI) El Inevitable Mega Terremoto de Lima. Lampadia. 11.07.2019. https://www.lampadia.com/analisis/infraestructuras/el-inevitable-mega-terremoto-de-lima/
Delgado R. La Ciencia dice que lo ya ocurrido volverá a ocurrir. Lampadia. 23.10.2023. https://www.lampadia.com/analisis/infraestructuras/la-ciencia-dice-que-lo-ya-ocurrido-volvera-a-ocurrir/
Delgado R. Seguridad Sísmica en la Costa Verde. Boletín Mensual del Gremio de Construcción e Ingeniería. Cámara de Comercio de Lima. Edición Julio 2025.
Delgado R. Proyecto de defensa de la Ciudad y de los Acantilados de Lima y Callao espera aprobación del ejecutivo. Revista Digital Constructivo. 02.08.2021. https://constructivo.com/noticia/proyecto-de-defensa-de-la-ciudad-y-de-los-acantilados-de-lima-y-callao-espera-aprobacion-del-ejecutivo-1627896583
National Oceanic and Atmospheric Administration. (2023, 12 de junio). Tsunami dangers. JetStream. Recuperado el 22 de abril de 2026, de https://www.noaa.gov/jetstream/tsunamis/tsunami-dangers#:~:text=Fast%20Facts,SUVs%2C%20vans%2C%20and%20trucks.






