Aldo Mariátegui
Perú21, 23 de marzo del 2026
“¡Con ese criterio, entonces tampoco habría pesquería, agricultura, etcétera! Es como cuando la Iglesia se oponía a la banca porque estaba en contra de los intereses”.
Aunque no lo crean, este papa León XIV que está tan vinculado al Perú quiere… ¡arruinar al Perú! Se los explico: el Perú vive de su minería (66% de sus exportaciones). Sin cobre, oro y otros metales para vender al exterior, seríamos tan pobres como Haití y el dólar estaría a 6 soles, porque con solo agroexportaciones (solo 17% de las exportaciones), pesquería (5%) y otros rubros menores (gas, manufactura, etcétera) estaríamos sin divisas suficientes para mantener a 33 millones de habitantes. El Perú NO es un país agrario (y menos va a ser una potencia manufacturera o de IA, software, etcétera). El Perú fue, es y será un país minero. Puntualizado esto, resulta que la Iglesia —en el mismísimo Vaticano— acaba de presentar una “plataforma internacional” para promover la desinversión en la minería (“desinvertir” ya no es solo NO invertir más en minería, sino retirar el dinero del sector) con el argumento de que la explotación de recursos naturales guiada por el beneficio económico sería pecaminosa… ¡Con ese criterio, entonces tampoco habría pesquería, agricultura, etcétera! Es como cuando la Iglesia se oponía a la banca porque estaba en contra de los intereses. ¿Quieren que volvamos a la Edad Media, esa nefasta época feudal en que ellos mandaron absolutamente y quemaron judíos, científicos, “brujas”, librepensadores e impidieron el desarrollo económico?
Los necios que presentaron esta barbaridad son los cardenales Ramazzini (Guatemala) y Baggio (Italia), el obispo Ferreira (Brasil), la monja Herzig y el cura Darío Bossi, todos con una jerga ecomarxista de ONG “progre” (“extractivismo”, “neocolonialismo”, “ecosocial”. etcétera).
Si la Iglesia no quiere invertir en minería, es SU problema. Pero ya esto se vuelve un problema para los países mineros cuando promueven las posiciones y propaganda antimineras de la izquierda, porque legitiman religiosamente ese discurso político y dañan así las inversiones en un sector que nos es vital. ¡Este Prevost ha resultado peor aún que su antecesor Bergoglio!






