Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Ica, 2 de marzo de 2026
Para Lampadia
En nuestro país, siempre, en esta época del año, los agoreros de sequías apocalípticas se esconden en sus madrugueras. Obvio.
Cuando llueve a cántaros y el agua nos sale por las orejas, cuando los ríos se desbordan y las viviendas y carreteras se inundan, cuando los huaicos arrasan con todo lo que encuentran en su camino, hablar de sequías sería ridículo.
Entonces, para no hacer el ridículo, ellos salen de sus madrigueras recién en los meses de agosto o setiembre de cada año, cuando el estiaje va por su cuarto o quinto mes, y las plantaciones languidecen por falta de agua; sobre todo, las de aquellos agricultores que no tienen acceso a agua. Léase, pozos o reservorios.

Bueno pues, esos expertos en “opinología” – neófitos en temas climáticos e hidrológicos – dicen que los culpables de la escasez de agua en los estiajes son las empresas agroexportadoras… “que se la toman toda”.
¿La naturaleza? Nada qué ver.
Los agoreros de sequías apocalípticas no mencionan para nada a la naturaleza. Su obsesión son las empresas agroexportadoras.
En el fondo, se trata de personas muy envidiosas y acomplejadas que no saben – o mejor dicho, no quieren saber – que nuestro clima es siempre lluvioso en esta época del año (entre los meses de enero y marzo), y seco entre los meses de junio y setiembre.
¿Por qué no proponen construir reservorios en la Sierra, para guardar parte de las abundantes aguas de lluvias, y disponer de ellas en los estiajes? No se oye, padre.
¿Por qué no exigen la redacción del Reglamento de la Ley de Canon Hídrico – aprobada hace 3 largos años – para financiar, a perpetuidad, proyectos de afianzamiento hídrico en la Sierra? Nada que ver.
Su propuesta es “que se vayan las empresas agroexportadoras”. Pura envidia, puro rencor, puro odio.
Por el lado del Estado, el problema es otro: indolencia, mediocridad, ignorancia, inoperancia, corrupción… por ahí va la cosa.
En Ica, el Gobierno Regional ha gastado más de S/. 400 millones en encementar el río Ica, a su paso por la ciudad.
¿Acaso no hubiera sido mejor invertir dicho dinero en construir reservorios, aguas arriba de la ciudad?
Y así, además de evitar inundaciones – como la que ocurrió en el año 1998 – tendríamos agua para los estiajes.
Pues no. Los Gobernadores Regionales de Ica (Javier Gallegos 2019 – 2022 y Rocky Hurtado 2023 – 2026) prefirieron gastar esa millonada en una obra que no sirve para nada.
El mes pasado, el río Ica estuvo a escasos centímetros de su desborde, así que sólo es cuestión de tiempo para que la ciudad de Ica se vuelva a inundar.
Por otro lado, el acuífero de Ica (en el tramo encementado del río) ya no se recarga por infiltración, y más agua que nunca está pasando por las narices de los iqueños – rumbo al mar – sin ser aprovechada.
Repito: indolencia, mediocridad, ignorancia, inoperancia, corrupción…
Por último, tal como ocurre todos los años, por esta época, el Gobierno Central acaba de “declarar el estado de emergencia en 707 distritos del país, debido a intensas lluvias” … Ica, incluida.
Está clarísimo. En materia climática, la vida en el Estado se bambolea entre estados de emergencia por intensas lluvias y estados de emergencia por intensas sequías.
Apuesto doble contra sencillo que en octubre próximo tendremos una declaratoria de emergencia por sequía. ¡Oh diosa corrupción… cuánta marmaja corre bajo la mesa en los estados de emergencia!
Patético. La política estatal peruana en materia de gestión del agua es patética. Y el hecho de que los agoreros de sequías actualmente estén escondidos en sus madrigueras, no quiere decir que no vayan a salir en agosto o setiembre entrante, cuando el estiaje venidero arrecie.
El hecho es que nuestra política hidrológica podría sintetizarse así:
mucha agua de lluvias,
muchos huaicos e inundaciones,
muy poca agua en los estiajes,
mucho floro,
muchos estados de emergencia por lluvias y por sequías,
mucha corrupción… y
muy pocos reservorios.
Repito: patético. Lampadia





