Ronin
Perú21, 2 de marzo del 2026


Detrás de este pobre desempeño en el ICE está la baja diversificación y complejidad de las exportaciones peruanas, las cuales se concentran en minerales y productos agrícolas.
Asimismo, de acuerdo con el Atlas de Complejidad Económica del mismo laboratorio, en los últimos 15 años el Perú solo ha incorporado ocho nuevos productos a su canasta exportadora (por ejemplo, los fosfatos de calcio y el aceite de palma), los cuales representan solo el 1% de las exportaciones de 2024. Esto se diferencia de países similares a Perú como Vietnam, que ha incorporado 32 nuevas categorías de productos que han pasado a representar el 15% de sus exportaciones.
La posición del Perú en el ranking de complejidad económica refleja una realidad preocupante: a pesar del buen crecimiento económico de las últimas décadas, Perú no ha logrado transformar su matriz productiva y exportadora, manteniéndose anclado en la extracción de materias primas como el cobre y el oro, con bajo valor agregado y limitada transferencia tecnológica hacia el resto del tejido empresarial.
Las investigaciones del Growth Lab sugieren que los países tienden a diversificar su producción moviéndose hacia productos similares o cercanos en los que pueden aprovechar el conocimiento y las capacidades existentes.
Al respecto, el mismo laboratorio ha calculado un índice que muestra qué tan fácil es que un país diversifique su producción. En este indicador, el Perú se encuentra en el puesto 47 de 145 países. Es decir, muestra una cantidad moderada de oportunidades para complejizar su producción.
Con base en el diagnóstico anterior, el Growth Lab recomienda que el Perú adopte una estrategia de “política industrial parsimoniosa”.
En lugar de ambiciosos planes industriales donde se escoge desde arriba a los sectores ganadores y donde se da grandes saltos a productos lejanos, el enfoque recomendado se centra en intervenciones mínimas pero eficientes que eliminen los cuellos de botella en actividades existentes, para que el emprendimiento y el autodescubrimiento ocurran de forma natural, facilitando esos pequeños saltos hacia productos cercanos.
La estrategia propuesta implicaría invertir decididamente en capital humano de calidad, en infraestructura logística y digital, y en un sistema de innovación que conecte la investigación científica con las necesidades del sector productivo, pero haciéndolo de manera focalizada y en respuesta a las demandas reales del tejido empresarial.






