Juan Carlos Mathews
Expreso, 11 de marzo del 2026
Estando a pocas semanas del proceso electoral, hemos escuchado diversos planteamientos sobre el uso de nuestras reservas internacionales. Para el ciudadano de a pie puede sonar sensato: “tenemos un ahorro importante —las reservas— y, sin embargo, mantenemos brechas sociales inexplicables”. La pregunta parece razonable: ¿cómo podemos tener ahorros y alardear de ellos mientras millones de peruanos aún no tienen acceso a agua potable, educación, salud y otros servicios básicos?
Las reservas internacionales se refieren a los fondos que mantienen los bancos centrales de los países y que pueden ser utilizados en transacciones financieras internacionales. Estas reservas son aceptadas como medios de pago entre bancos centrales, lo que facilita y agiliza las transferencias internacionales. Pueden estar compuestas por oro, dólares, euros u otras monedas, así como por activos financieros como depósitos bancarios, bonos, letras del Tesoro u otros valores gubernamentales. También pueden incluir derechos especiales de giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional y, en algunos casos, moneda local. En esencia, estas reservas sirven para respaldar pasivos en moneda nacional y fortalecer la confianza en la economía.
Contar con reservas internacionales otorga al Banco Central de Reserva del Perú flexibilidad y resiliencia frente a la volatilidad de los mercados internacionales. Por ejemplo, si alguna de las monedas que integran las reservas pierde valor, dicha caída puede compensarse con otras monedas que se encuentren más sólidas en ese momento.
A enero del presente año, las reservas internacionales del Perú alcanzaron los US$ 95,574 millones, equivalentes aproximadamente al 30 % del PBI, uno de los niveles más altos de la región. Este respaldo ha sido clave para preservar la estabilidad macroeconómica del país.
A nivel mundial, los países con mayores reservas internacionales son Estados Unidos, China, India, Japón, Rusia y Suiza. Un ejemplo claro de la importancia de estas reservas se evidenció durante la crisis financiera internacional de 2008, originada por el colapso del mercado hipotecario en Estados Unidos. En ese contexto, el impacto sobre la economía peruana fue mucho más moderado que en otros países de la región, en buena medida gracias al sólido respaldo de nuestras reservas internacionales.
Estas reservas se mantienen en instituciones financieras internacionales de alta solvencia, así como en bonos emitidos por organismos multilaterales y por gobiernos de economías desarrolladas —como los países del G7: Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá—, además de depósitos en oro.
El Banco Central de Reserva es una institución autónoma cuya misión principal es preservar la estabilidad monetaria del país. Para ello, controla la inflación, regula la oferta monetaria, administra las reservas internacionales, emite billetes y monedas e informa periódicamente sobre el comportamiento de la economía nacional.
Si cayéramos en la tentación de utilizar las reservas internacionales para fines distintos a los que les corresponden —esto es, proteger la estabilidad de nuestra moneda frente a choques externos—, podríamos enfrentar consecuencias graves, como la devaluación de la moneda y un aumento sostenido de la inflación.
La devaluación afectaría directamente a quienes tienen deudas en dólares, a los importadores que verían encarecidos sus costos y, en general, a toda la población a través del incremento de los precios de bienes y servicios. La inflación, como sabemos, es el peor impuesto para la población más vulnerable, especialmente para quienes tienen ingresos informales o inestables y deben enfrentar el alza constante del costo de vida.
Por ello, conviene reflexionar con serenidad. Las reservas internacionales no son un fondo disponible para cualquier propósito coyuntural. Son, más bien, el seguro financiero del país frente a la incertidumbre del mundo.






