Domingo García Belaunde
Perú21, 11 de marzo del 2026
«Y es que los miembros del tribunal o corte constitucional (se usan ambas denominaciones) son jueces o magistrados y nada más».
Gracias a las ventajas del mundo digital, hoy se puede aprovechar muchas cosas que existieron en el pasado y que por eso lo recordamos. Me refiero expresamente a una columna de Luis Alberto Sánchez de los ochenta, que precisamente titulaba “el buen decir”. Y creo que esto es más urgente que nunca. Entre otras cosas se refería al verbo “aperturar”, que es un despropósito, pero que hoy lo utiliza todo el mundo. Igual diría yo de algo muy extendido en los medios, como es llamar “tribuno” a los miembros del Tribunal Constitucional, olvidándose que el Diccionario de la RAE le da otro significado. Con esa misma lógica, los miembros de la Corte Constitucional de Colombia (y así en otros países) serían llamados “cortesanos”. Lo cual evidentemente sería grotesco.
Y es que los miembros del tribunal o corte constitucional (se usan ambas denominaciones) son jueces o magistrados y nada más. Asi de sencillo, y es una lástima como se comprueba aquí el poco nivel, por decirlo elegantemente, de nuestros colegas de los medios.
Igual sucede con el término “investidura” que lo repiten muy orondos hasta destacados abogados que se califican a sí mismos de constitucionalistas (sic). Sin darse cuenta de que el término viene del mundo parlamentario, especialmente europeo, y que tiene otros alcances.
Para fijarnos solo en el caso español —de donde viene el término, pero que tiene equivalente en otros idiomas— el caso es el siguiente. El jefe de Estado antes de formar su gabinete, propone un nombre para jefe de Gobierno (o primer ministro) a la Cámara respectiva y si esta lo aprueba, lo inviste y procede a ser nombrado y jura el cargo. Es decir, primero se inviste y luego se jura el cargo y se actúa. Entre nosotros es al revés: se nombra al gabinete, jura el cargo con el fajín respectivo y a los 30 días busca la confianza de la Cámara. Esto existió en la carta de 1933, desapareció en la de 1979 y reapareció en 1993 a propuesta de Carlos Torres y Torres Lara, como consta en los debates y explicable dentro de la época. Pero se ha demostrado que esto es inconducente, pues no puede darse una confianza o negársela a quien no ha actuado.
Por eso es que precisamente el nuevo Congreso bicameral lo ha eliminado. Así de simple.






