Domingo García Belaunde
Perú21, 4 de marzo del 2026
«El problema no es de leyes, sino de personas. Y eso está totalmente descuidado. Y, por cierto, esto también arrastra a los fiscales, que, salvo excepciones, son de terror».
En días pasados, una distinguida dama que preside el Poder Judicial ha dicho, entre otras cosas, que los jueces deben inaplicar determinada ley y que no había que hacer caso a lo que decía el Congreso y eventualmente el Tribunal Constitucional. Algo digno de Ripley….
Esto viene a cuento, pues en fecha reciente y a través del Congreso, se nombró una comisión que replantease la “Administración de Justicia” (sic) y ese documento ha circulado entre nosotros. También lo han hecho otras entidades, con mayor o menor éxito y nuevamente la Corte Suprema entre sus miembros. Lo que me pregunto es si esto sirve para algo y he llegado a la conclusión de que no….es simplemente un monumento a las buenas intenciones.
He estado revisando, si bien por encima, algunos intentos de reforma judicial. El primero que he ubicado es de 1963 por ley 13036, que nombró una comisión que preparase un proyecto de reforma del Poder Judicial, que precisamente da pie a la ley orgánica que reemplazo a la de 1911. Luego vino la reforma de diciembre de 1969, en donde la dictadura militar echó a los supremos a sus casas y a la mitad de jueces y fiscales. En 1975 y mediante decreto ley 21430, se creó otra comisión de reforma del Poder Judicial y así otras más, como la ley 26623 de 1996. Vizcarra impulsó otras (ley 30904 y 30942) y de grato recuerdo es el CERIAJUS de 2003, recibido con aplausos, pero del que no quedó nada o casi nada.
Lo primero que debemos ser conscientes es que los jueces serios y responsables, son una minoría. Y aun así no siempre están formados… vienen por lo general de los más bajos estratos de universidades sin ningún nivel y no tienen tiempo para leer ni nadie se encarga de formarlos. Y es que el problema no es de leyes, sino de personas. Y eso está totalmente descuidado. Y, por cierto, esto también arrastra a los fiscales, que, salvo excepciones, son de terror.
Como vengo de una familia de jueces, veo esto con pena y además sin ninguna esperanza. Recuerdo las frases que leyó Virgilio en la entrada del Infierno de Dante y a las que me remito.






