José Ignacio Beteta
Expreso, 21 de abril del 2026
«El Estado peruano tiene una deuda con todos los peruanos. Nos exprime impuestos, de forma abusiva, pero no los usa para reducir brechas de servicios u oportunidades. El es nuestro principal deudor. Balcázar está muy desconectado.»
Se trata de conectar, no de desconectar. Hace algunos días, el encargado de la presidencia afirmó que con él no trabajan “blancos”, “patrones” o “caciques”. Y el resultado de sus declaraciones está repleto de efectos negativos que vale la pena detallar. Cualquier peruano consciente, de cualquier orilla ideológica o política, debería aceptar que nos falta integración y unidad, no odio o rencor.
Veamos todo lo que genera Balcázar con sus ligeras afirmaciones. Primero, hay un problema de señal institucional. Cuando el encargado de la presidencia sugiere que no trabaja con “blancos” o “patrones”, sino con “sus amigos”, transmite la idea de que los criterios de selección en el Estado no son meritocráticos, sino personales, ideológicos o identitarios. El Estado es algo así como su chacra, su proyecto personal.
Segundo, el efecto en la cohesión social. En un país como el Perú, históricamente marcado por tensiones sociales, raciales y de clase, ese tipo de lenguaje reabre divisiones. En lugar de construir una narrativa integradora —el Estado como espacio de todos—, se instala una lógica de “nosotros vs. ellos”, donde ese “nosotros” es un compartimento cerrado, racista y clasista, pero del color de Balcázar y el de sus amigos.
Tercero, el riesgo de normalizar el clientelismo. Decir que se gobierna con “amigos” no es solo una frase: puede interpretarse como una validación del reparto político basado en lealtades personales, sindicales, colectivistas o ideológicas. En Perú es así. Tenemos un Estado copado por los “amigos” del líder de un partido político, por los “amigos” de un empresario corrupto, por los “amigos” de alguien con poder. Hoy se trata de los “amigos” de Balcázar.
Cuarto, hay un efecto en la percepción internacional y económica. Los inversionistas, organismos multilaterales y actores externos observan no solo las políticas, sino también el tono y los valores del líder. Declaraciones así muestran un país informal, desordenado, sin estabilidad ni seguridad jurídica. Una vecindad con un presidente similar al Chavo del Ocho.
Finalmente, esta falsa dicotomía entre “blancos” y “paisanos” es falsa. Según data pública, aproximadamente el 73 % de peruanos se percibe como mestizo y resulta que solo el 5 % se identifica como “blanco”. ¿Qué significa esto? Que no existe ninguna polarización real entre “caciques” y “pueblo”. Somos una gran clase mestiza, muy informal, ciertamente, pero con valores, ideas y creencias muy similares.
Alguno dirá, confundido, que el discurso de Balcázar se justifica porque existe una especie de “deuda social” de ricos a pobres. Y, claro, como supuestamente los ricos son blancos, hay una reivindicación pendiente. Pero esto también es falso. La riqueza se ha trasladado en las últimas cinco o seis décadas a sectores populares que no tienen nada de “blancos” y, en todo caso, a quien debemos apuntar como “deudor” es al Estado. El Estado peruano tiene una deuda con todos los peruanos. Nos exprime impuestos, de forma abusiva, pero no los usa para reducir brechas de servicios u oportunidades. Él es nuestro principal deudor. Balcázar está muy desconectado.






