Juan Stoessel
Perú21, 19 de abril del 2026
“El golpe de Estado de Castillo desató una oleada de violencia que paralizó el circuito sur y nos dejó 28 travel warnings. También se permitió que la informalidad devore Machu Picchu”.
La primera vuelta nos deja una imagen conocida. Candidatos punteros con porcentajes bajos y sin mayorías claras. Una vez más, nuestra clase política se ha mostrado incapaz de construir vínculos, escuchar a la población y responder con propuestas aterrizadas. Una vez más, un bloque importante del electorado se inclinó por una receta que no funciona.
Es una tremenda paradoja. Las regiones donde más oportunidades y empleos se perdieron por culpa del populismo y la corrupción, hoy vuelven a mirar hacia esas mismas promesas. Pero no se trata de atacar a quienes votan distinto. Se trata de tender puentes y redoblar esfuerzos por explicar, con empatía y apertura, que el progreso no se alcanza con ideas trasnochadas; que el desarrollo llega de la mano de la inversión, la infraestructura y la creación de empleos.
Hagamos memoria. El anterior gobierno electo prometió que no habría más pobres. La realidad es que solo incrementaron la pobreza. Apostaron por la confrontación y generaron inestabilidad. El turismo fue uno de los sectores más golpeados. Los discursos de estatización espantaron la inversión extranjera, causando que el turismo corporativo se contraiga 50%. El entonces ministro de Turismo y hoy candidato decidió que no valía la pena promover el destino Perú en los mercados extranjeros, lo que condenó la recuperación del sector al fracaso (por cierto, su plan de gobierno no tiene propuestas para el turismo).
El golpe de Estado de Castillo desató una oleada de violencia que paralizó el circuito sur y nos dejó 28 travel warnings. También se permitió que la informalidad devore Machu Picchu con decisiones antitécnicas como las 1,000 entradas diarias para venta directa en Aguas Calientes o cambiar la plataforma de venta de boletos de Joinnus, que era muy funcional, por una que es totalmente inoperativa. El resultado: menos visitantes, menos divisas, menos empleo. Mientras la mayoría de los países ya superaron sus cifras prepandemia, Perú recibió un millón menos de turistas extranjeros en 2025 vs. 2019.
Sin embargo, no veamos esta segunda vuelta como una repetición de la misma historia. No caigamos en la polarización ni el ataque. Es momento de reflexionar, corregir, conciliar. De recordar que una visión de país no se puede imponer, se debe convencer. Mostremos que el populismo no crea oportunidades, sino que las roba. Que cuando hay gestión, el crecimiento no excluye, sino que integra. El camino hacia el Perú que queremos no se construye con experimentos fallidos. Pongamos el bien común por delante. ¡Cambiemos la historia!






