Andrés Balta
Perú21, 26 de marzo del 2026
«Nada costaban esas clases de sentido común, economía, naturaleza de la acción humana y prédica de verdad y realidad».
Con excepción de dos o tres de los postulantes, hubiese sido necesario que el resto de los candidatos a la presidencia reciban —en la esfera económica y ética— una intensiva inducción para descubrir y entender:
1) Cómo Ludwig von Mises construyó los fundamentos científicos de la libertad económica a través de la ciencia de la acción humana, revolucionando completamente la metodología económica y transformando para siempre el debate sobre los sistemas económicos.
2) Cómo su influencia fundamental inspiró a economistas como Hayek, Rothbard y toda una generación de economistas liberales.
3) Cómo sus ideas fundamentales prevalecieron a largo plazo, es decir:
4) Cómo, en la refutación del socialismo: demostró la imposibilidad del cálculo económico racional sin precios de mercado basados en la propiedad privada.
5) Cómo, en la teoría del ciclo económico: explicó cómo la expansión artificial del crédito por parte de los bancos centrales genera burbujas y crisis inevitables.
6) Cómo, en la crítica al intervencionismo: argumentó que las intervenciones estatales generan consecuencias no deseadas que llevan a más intervenciones, acercándose al socialismo.
7) Cómo, en defensa del dinero sólido: promovió el patrón oro y criticó la manipulación monetaria fiduciaria con papel moneda.
8) Cómo, en cooperación liberal: fundamentó la superioridad de la cooperación voluntaria basada en la división del trabajo.
9) Cómo y por qué los fundamentos de Misses y de la Escuela Austriaca de Economía continúan siendo más relevantes que nunca para entender todas las crisis económicas, especialmente las latinoamericanas; y,
10) Cómo esto no es simplemente historia académica y cómo sí es la demostración de cómo las ideas correctas, defendidas con rigor lógico absoluto, eventualmente prevalecen sobre el error. Y de cómo los estudiantes de Economía, los empresarios preocupados por políticas intervencionistas y cualquier persona pueden entender los fundamentos científicos de la prosperidad.
En definitiva, es comprender cómo un pequeño grupo de economistas comprometidos con la verdad pudo y puede cambiar el curso del pensamiento económico mundial cuando se niega a comprometer principios fundamentales por conveniencia política.
Nada costaban esas clases de sentido común, economía, naturaleza de la acción humana y prédica de verdad y realidad. Hasta pudieron acceder a ellas en redes, como yo, un simple mortal, gratuitamente. Las clases estaban pagadas con mayor razón si se ha vivido hasta el hartazgo de planificación central, hasta la intoxicación de keynesianismo y hasta la abominación de estatismo y socialismo, todas mentiras monumentales y vomitivas.






