José Ignacio Beteta
Expreso, 17 de marzo del 2026
La ligereza que tienen muchos para opinar de temas bastante complejos, resulta, por un lado, alarmante y, por otro, agotadora. Sorpresivamente todos sabemos de Irán, Palestina e Israel, de España, de la derecha europea y de la izquierda británica, de capitalismo, monopolios, de cambio climático y también de la vida de personas o de asuntos más delicados que involucran dichos o acusaciones que pueden dañar honras.
El torrente de opiniones inunda historias, contenidos y comentarios en redes. Los incontables “expertos” toman posturas radicales, se indignan y hasta se pelean con quienes piensan diferente. Y yo me pregunto, ¿cuánto en realidad sabemos de los temas que “llegan” a nosotros cuando estamos conectados? ¿Qué información consumimos para hacernos de una opinión supuestamente irrefutable? ¿Cómo así nos sentimos tan sabios que nos volvemos intolerantes?
Nicholas Carr, autor especializado en el impacto de la tecnología en el ser humano, afirmaba, “Internet está reduciendo mi capacidad de concentración y contemplación. Mi mente espera ahora recibir información de la manera en que la red la distribuye: en un flujo rápido de partículas”. Y Neil Postman, filósofo muy comprometido con el tema, decía, “cuando fragmentamos nuestra atención, también fragmentamos nuestro pensamiento”.
Byung-Chul Han, filósofo surcoreano que se ha convertido en una de las voces más serias sobre el asunto que tratamos, declaró “la comunicación digital favorece la reacción inmediata, no la reflexión”. Y finalmente, el pionero del pensamiento tecnológico, Marshall McLuhan, sentencia: “las redes sociales transforman la conversación pública en una serie de impulsos emocionales rápidos.”
Respiremos un par de veces, guardemos silencio, escuchemos. Lo que nos muestran videos, carruseles, fotos, podcasts u otros contenidos sobre temas políticos, económicos, sociales o ideológicos, debe ser tratado con actitud crítica (especialmente hoy que la Inteligencia Artificial avanza imparable).
La cantidad de información que recibimos es superficial, rápida y voluminosa, asi que es poco humilde y muy pretensioso perder la conciencia de los vacíos de información que tenemos, especialmente en materias que se escapan de nuestra área de conocimiento o trabajo. Un reel no te hará entender la historia de un país ni conocer realmente a una persona.
Para construir un país integral y profundamente desarrollado debemos empezar a elevar el nivel de nuestro debate sobre diversos asuntos públicos, y escapar de la brutalidad a la que nos conducen un caótico y sobrevalorado grupo de pseudo “influencers cool” que solo generan violencia, mentiras, difamaciones y posturas malintencionadas.
Recordemos algo: la oferta también modifica la demanda. Una prensa prudente y profunda vuelve prudente y profundo a su usuario. Un medio empático y respetuoso vuelve empáticos y respetuosos a quienes lo consumen. Un influencer abierto y humilde vuelve abiertos y humildes a sus seguidores.
Este es mi primer artículo en este espacio y quisiera que se convierta en una declaración de principios: seamos respetuosos en los temas que conocemos, humildes en los que conocemos a medias, y abiertos y silenciosos en los que no conocemos. En eso se basa una legítima conexión ciudadana.






