Iván Arenas
El Comercio, 10 de marzo del 2026
“Las recetas para el desastre están allí y solo falta un gobierno como este para cumplirlo”.
Crisis energética, deflagración, seguridad energética y gas natural son algunas de las palabras repetidas por estos días. Ha sido (y será) una semana de especulaciones, de emergencia energética, de racionamiento, a pesar de que hay stock suficiente de diésel, GLP y gasolinas. Una semana que nos remontó –por momentos– a las medidas por el COVID-19. Faltan algunos días más para que termine. El sábado próximo, deberían terminar las medidas restrictivas dadas por un gobierno sin pericia política. La PCM, Denisse Miralles, está recibiendo un curso intensivo de política real en un país desorganizado.
Lo bueno de todo, si cabe la palabra, es que se ha abierto una “conversación nacional” de fondo: nuestra matriz energética y la seguridad energética. Y esta conversación aparece en un momento nada preciso, cuando –vale repetirlo– tenemos un gobierno con poca pericia política y, si se me permite, también técnica. En todo caso, las recetas para el desastre están allí y solo falta un gobierno como este para cumplirlo.
Al margen del caso del ducto del GNV, hay una guerra en Medio Oriente que empezará a hacer estragos económicos en el Perú. La palabra ‘inflación’ –que reduce el poder adquisitivo del peruano común y silvestre– aparece como advertencia. El precio del barril de petróleo Brent sobrepasa los US$100. Hay una amenaza de estanflación, que no es otra cosa que recesión más inflación. El Perú importa el 76% de diésel y gasolina, y el 30% del GLP que se consume en el mercado. Todo esto en un momento electoral donde –de acuerdo con una última encuesta– el 54% de los próximos votantes la considera “confusa y aburrida”. Conviene prestar atención a ese nuevo cuadro de coyuntura en el que se mezclan estrés económico y elecciones “confusas y aburridas”, un fenómeno relativamente nuevo en la agenda de la gente.
Pero vayamos con mayor precisión al título de nuestra columna. Como se sabe, nuestra seguridad energética depende de una matriz cuyo modelo debe ser resiliente, eficiente y planificado. De alguna manera, el sistema ha sido resiliente, pero no eficiente, sobre todo en momentos de crisis. En estos días, el precio de la producción de electricidad spot pasó de US$35 MWh a US$200 MWh. El GNV es mucho más barato que la activación de las reservas frías. Pero falta planificación, que no es otra cosa que objetivos estratégicos para garantizar nuestra seguridad energética por los próximos 50 años. Observen estos dos números: el 96% de todo el gas natural se produce desde Camisea y cerca del 40% de la electricidad se genera –vía termoeléctrica– por el gas. Por fortuna, el gas peruano no entra a los vaivenes de guerras, geopolítica y fluctuaciones de precios, porque incluso hay un modelo de tarifa regulada (en el transporte y la distribución) por el propio Estado. Planificación y más gas natural. Otro dato: Chile solo produce el 14% de energía por gas.
Esta nueva “conversación nacional” debe girar también alrededor de la actuación en las crisis. Se ha hablado del ducto redundante o el “loop de la selva” que se adjuntó al Gasoducto Sur Peruano, hoy paralizado por las cuitas legales entre el Estado y el consorcio privado. Pero también se ha hablado de una nueva planta de regasificación de GLP en la costa peruana y de ampliar la capacidad de almacenamiento.
Pero la otra parte de esa “conversación” debería tomar en cuenta el gas para el sur peruano. Hay dos proyectos en ciernes limitados por el Estado. El primer proyecto es Siete Regiones, con más de US$550 millones de inversión, y el otro es un proyecto para la construcción de un ducto que iría por toda la costa hacia Arequipa (US$2.200 millones). Osinergmin ha puesto trabas a estos dos proyectos.
Y también la exploración. En el 2021, el 2022 y el 2023, la inversión en exploración gasífera fue de US$3 millones, US$2 millones y US$2,2 millones, respectivamente. Solo en el 2024 fue de US$502 millones. Y solo para redondear: en el 2018, a través del D.S. 023-2018-EM, se exigen más trámites ambientales para la exploración.
Seguridad energética y matriz energética en una coyuntura crítica, difícil para un país desorganizado. Atentos a la nueva conversación nacional, que tendrá ecos.






