Víctor Gobitz – Armando Gallegos
El Comercio, 19 de febrero del 202
“Las empresas mineras y los distintos estamentos de gobierno deben ser parte activa de esta discusión, porque el crecimiento social y económico, no surgirá de manera espontánea. El gigante del norte sólo saldrá del letargo con madurez institucional y cooperación genuina”, comentan Víctor Gobitz, presidente de Quilla Resources y Armando Gallegos, presidente de Gerens.
Cajamarca vivió un auge que se inició en los noventa con inversiones significativas en minas de oro y cobre. Hoy, sin embargo, enfrenta un declive marcado por el agotamiento de dichas operaciones, la oposición política al desarrollo de nuevos proyectos y la proliferación de la minería informal e ilegal.
Por ello, resulta impostergable discutir el modelo de desarrollo social y económico que aspiramos alcanzar como país y, en particular, en Cajamarca, una región que alberga uno de los portafolios de proyectos de cobre más importantes del mundo.
Para aportar a la discusión, analizamos cuatro sub-clústeres de proyectos mineros con avances significativos de exploración y estudios de ingeniería, ubicados en radios de aproximadamente 20 kilómetros.
El primero incluye a Quillish (oro) y Yanacocha Sulfuros (cobre-oro), proyectos que podrían acelerarse aprovechando la infraestructura ya existente en las operaciones de Yanacocha.
El segundo agrupa a los proyectos de cobre Conga, Galeno y Michiquillay, que forman parte de un mismo distrito geológico, y donde los principales desafíos serán la ubicación de los depósitos de relaves y el transporte de los concentrados hacia la costa.
El tercero reúne a Coimolache Sulfuros y Antakori, proyectos de cobre-oro, con potencial de inmediatas sinergias de infraestructura con la mina Cerro Corona.
El cuarto comprende los proyectos La Granja y Cañariaco (Lambayeque), cuya escala productiva será determinante para que el clúster del norte, en su conjunto, adicione un millón de toneladas finas de cobre al año.
Todos estos proyectos requerirán infraestructura logística para transportar y exportar concentrados, lo que abre una discusión clave: concentraducto compartido o ferrocarril. El concentraducto sería una tubería de 8”–10” con estaciones de bombeo que seguiría la topografía y llegaría a la costa por la cuenca del río Zaña. La alternativa ferroviaria exige una vía de gran escala y un trazo más largo para mantener pendientes bajas (5/1000). La estación de filtrado y embarque se ubicaría en Eten (Lambayeque).
Evaluar proyectos como iniciativas ‘stand alone’— puede conducir a diagnósticos incompletos. En territorios como Cajamarca, los impactos ambientales, sociales y económicos interactúan, se refuerzan o se mitigan entre sí. Del mismo modo, las inversiones generan sinergias acumulativas positivas cuando se planifican de manera coordinada: infraestructura compartida, menor huella ambiental, menores costos de inversión y mayor viabilidad financiera. Los proyectos mineros abordados desde una visión territorial, pueden optimizarse y gestionarse mejor, reduciendo conflictos y maximizando beneficios colectivos.
Las empresas mineras y los distintos estamentos de gobierno deben ser parte activa de esta discusión, porque el crecimiento social y económico, no surgirá de manera espontánea. El gigante del norte sólo saldrá del letargo con madurez institucional y cooperación genuina.






