Anibal Quiroga
Perú21, 10 de enero del 2026
«La jubilación del más visible integrante de la casta en la Corte Suprema (CS) pone fin a su discutible hegemonía con una marcada tendencia ideológica por más de 20 años».
La jubilación del más visible integrante de la casta en la Corte Suprema (CS) pone fin a su discutible hegemonía con una marcada tendencia ideológica por más de 20 años. No se la pudo evitar a pesar de los groseros intentos en el Congreso de modificar subrepticiamente la edad —¿a cambio de qué?— para llevarla a los 75 años. El inexorable paso del tiempo se dio sin atenuantes.
Hay algunos hitos interesantes: Un dudoso habeas corpus que dio libertad al cura Mondet, entonces vinculado a Sendero Luminoso. Su injusta destitución en la fase autoritaria de AFF que determinó su salida temporal del Poder Judicial. El posterior juzgamiento al propio AFF evidenció su falta de sindéresis e imparcialidad, necesarias en todo juez que se precie de justo.
La severísima condena a AFF al máximo de 25 años —sin atenuantes— tuvo un “agregado” no estaba en la acusación, ni en la aprobación de la extradición, ni en el proceso, ni en la ley penal, al sobre calificarla como “crimen contra la humanidad”. Fue un inserto irregular e inmoral.
Cuando menos en dos oportunidades él mismo precisó que AFF no había sido condenado por lesa humanidad. Sin embargo, la irregular adjetivación del fallo logró que se asumiera como verdad absoluta que había sido condenado por lesa humanidad: la Comisión Interamericana, la Corte Interamericana, las ONG y hasta la propia CS. No obstante el Tribunal Constitucional (TC) acaba de precisar que este delito recién ingresó al Perú en 2003. No pudo tener efecto retroactivo.
Su salida cierra un capítulo en el gobierno del PJ. Se espera una necesaria renovación paulatina conforme el tiempo vaya llamando a la jubilación conforme a la ley de la vida. Que las nuevas generaciones asuman el liderazgo en la CS, ya sin la actual pugna ideológica.
Como no podía ser de otra manera, se ha despedido lamentando que su salario se verá recortado —como a todos los jubilados en el país— evidenciando una grave contradicción: si soy excelente magistrado, juzgando la vida, la honra y la libertad de mis conciudadanos, entonces deberé ser un excelente profesional en la sociedad. No al revés.
Como colofón ha sostenido que el “sistema internacional” está por encima de los sistemas constitucionales. Es exactamente lo contrario. Son los sistemas nacionales, organizados primitivamente en sociedades, polis y comunidades, los que en su desarrollo se consorcian con otras naciones y forman un orden internacional. No existe un “sistema internacional” que gobierne a las naciones. Eso, que es básico en el derecho, no es producto de la ignorancia o falta de formación: es un profundo sino ideológico que pervierte cualquier teoría jurídica.
¿Qué es primero? ¿El huevo o la gallina? ¿Qué nace primero: Las naciones y luego el orden internacional o al revés? ¿Se puede subordinar la Constitución nacional a un “sistema internacional” en construcción? Este desfasado mensaje deja un legado ponzoñoso y va a contramano del deber ser.






