Patricia Stuart
El Comercio, 7 de enero del 2026
“Los jóvenes tienen el poder de orientar el rumbo del país. No lo cedan por apatía ni por el ruido digital”.
Los jóvenes ocuparán un lugar central en las elecciones de abril. Nunca antes en nuestra historia democrática una generación semejante había tenido tanto peso en las urnas. Casi siete millones de electores tendrán entre 18 y 21 años, y más de 2,5 millones votarán por primera vez, según el padrón electoral. Más allá de la estadística, estas cifras muestran que el país entra en un proceso en el que las decisiones de la juventud redefinirán el rumbo del Perú. Ese potencial convive, sin embargo, con un dato preocupante: seis de cada 10 jóvenes dicen estar poco o nada interesados en la política, de acuerdo con el último sondeo de Datum Internacional publicado en este Diario.
La misma encuesta revela que cinco de cada 10 jóvenes (55%) afirman ubicarse en el “centro” del espectro político. Pero esa declaración no siempre está sustentada en conocimientos sólidos: seis de cada 10 se consideran poco informados, sobre todo mujeres y jóvenes del norte y del sur del país. De ahí la urgencia de esta reflexión. No basta con elegir por quién votar; debemos construir nuestro criterio antes de hacerlo. El voto responsable no empieza en la fila del colegio electoral, sino meses antes, cuando decidimos cómo accedemos a datos fiables, qué fuentes priorizamos y cuánto contrastamos lo que recibimos.
Hoy, el ecosistema informativo de los jóvenes es muy distinto al de generaciones anteriores. La encuesta de Datum señala que siete de cada 10 (73%) se informan por redes sociales, aunque estas mismas plataformas concentran los niveles más altos de desconfianza: WhatsApp (70%), TikTok (63%), Facebook (61%) y X (24%). En contraste, medios tradicionales como la radio, la televisión y la prensa mantienen mayores niveles de credibilidad. Esta brecha entre consumo y confianza revela un desafío que no podemos ignorar: construir un juicio propio en un entorno donde la información circula a gran velocidad, pero sin garantía de calidad.
Por ello, sostengo que la educación cívica hoy pasa necesariamente por la alfabetización mediática. Leer datos, revisar propuestas, identificar sesgos, distinguir hechos de opiniones, reconocer emociones que pueden manipular el voto… son capacidades esenciales para cualquier ciudadano. En un mundo donde los algoritmos moldean lo que vemos y pensamos, desarrollar nuestro criterio es un acto de libertad. La escuela, la familia, los medios de comunicación y, por supuesto, las universidades debemos asumir con mayor decisión esta tarea formativa.
Otro hallazgo clave de Datum es que, si bien el 59% de los jóvenes expresa preferencia por la democracia, dos de cada 10 justifican la posibilidad de un gobierno autoritario. Esa tensión es real y nos debe interpelar porque confirma que la democracia no se sostiene sola; requiere de instituciones sólidas, pero también de ciudadanos atentos, críticos y activos. En esa tarea, las universidades tenemos un rol irrenunciable: formar jóvenes capaces de leer su tiempo, cuestionar la desinformación, dialogar con quienes piensan distinto y participar con responsabilidad.
Mi mensaje es optimista: los jóvenes tienen el poder de orientar el rumbo del país. No lo cedan por apatía ni por el ruido digital. Construyan su propio criterio, lejos de los eslóganes y cerca de los hechos. Revisen el historial, no solo los discursos; comparen propuestas, exijan planes viables y equipos preparados. Votar responsablemente es un acto de madurez cívica y de esperanza. El Perú necesita esa esperanza informada. Y la necesita ahora.






