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Mijael Garrido Lecca

El caudillo es la constitución

Por: Mijael Garrido Lecca

Lima-Perú, 09/10/2019 a las 11:10am. Por Mijael Garrido Lecca

Por: Mijael Garrido Lecca
Perú21, 9 de octubre de 2019

Al final del gobierno de José Balta en 1872, Manuel Pardo ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente civil elegido de nuestra joven república. Con Balta aún ostentando el poder y preparando la transición institucional que colocaría a Pardo en Palacio, un caudillo quebró el orden constitucional.

El ministro de Guerra, el coronel Tomás Gutiérrez, dio un golpe apoyado por sus tres hermanos –Silvestre, Marcelino y Marceliano–, coroneles también. Balta fue apresado y Tomás Gutiérrez se proclamó jefe de Estado el 22 de julio. La semilla de la democracia parecía morir fusilada antes de haber germinado.

Cuando se hubo consolidado, el dictador ordenó a la Armada que sus buques sigan los pasos golpistas. El 23 de julio, los marinos más importantes se reunieron a deliberar sobre las acciones que tomarían. Un capitán, a quien la Historia ya reservaba espacio en la eternidad, era uno de ellos.

La Armada retiró los buques mar adentro y se declaró en rebeldía frente al golpe de los hermanos Gutiérrez. El capitán Miguel Grau se encargó, comandando un acorazado bautizado Huáscar, de distribuir la proclama en el sur del país. Cuando tuvo que explicar los motivos de la decisión de la Marina, solo señaló: “No reconozco otro caudillo que la Constitución”. Pronto, el pueblo empezó a amotinarse, mientras que el presidente electo Pardo fue trasladado a bordo del Independencia que lo mantuvo a salvo. Silvestre fue enviado al Callao a controlar el motín. A su vuelta a Lima, fue asesinado por la masa.

Muerto Silvestre, se fusiló a Balta. Marceliano fue linchado por otra multitud en el Callao. Marcelino halló refugio y sobrevivió. El golpista, Tomás, intentó escapar y fue interceptado por el pueblo: “¿Quieres banda? Toma banda”; un sable abrió su pecho. El 27 de julio, Lima amaneció con los cadáveres de Tomás y Silvestre Gutiérrez colgados desde la catedral.

Ayer Grau se hizo eterno en Punta Angamos. Ojalá que mañana su voz vuelva a sonar como los cañones del Huáscar: “El caudillo es la Constitución”.

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