Jaime de Althaus
El Comercio, 7 de marzo del 2026
“La altísima informalidad es la mayor injusticia estructural que tenemos”.
Una de las consecuencias de tener tantos candidatos en medio de tanta desconfianza a la política es que se pasará a la segunda vuelta con un porcentaje relativamente pequeño de los votos. Eso lleva a algunos partidos a radicalizar sus posturas para captar el voto de las minorías radicales de izquierda o de derecha, que suman cada una lo suficiente para pasar al repechaje.
Es el caso de Venceremos, Juntos por el Perú y Perú Libre en la izquierda, que plantean asamblea constituyente, cambiar el modelo económico, nacionalizaciones, reforma agraria de verdad, reversión de concesiones mineras, entre otras barbaridades antediluvianas. En el otro extremo, Rafael López Aliaga de Renovación Popular plantea reducir el Estado, retiro de la corte interamericana, jueces sin rostro y cadena perpetua para corruptos, por ejemplo, pero también corteja a votantes de la extrema izquierda con ataques al oligopolio de las farmacias y los bancos (altas tasas) y a los monopsonios de la lana y la leche en la sierra que –dice– pagan mal, ofreciendo pagar las deudas de los tarjetahabientes y crear centrales de compras estatales de leche y lana y una empresa estatal del litio en Puno.
Avanza País (José Williams) y Sí Creo (Carlos Espá) tienen las propuestas más liberales, ideales para conquistar a la minoría conscientemente liberal del país, y con ello pasar a la segunda vuelta. Pero increíblemente Espá ha renunciado a explotar esa mina de oro política. Le dijo a Ghibellini que no es liberal y que tampoco plantea una reforma o flexibilización laboral, negando su propio plan de gobierno que sí lo hace.
Es incomprensible cómo desperdicia la posibilidad de atacar un statu quo legal que excluye al 73% de los trabajadores dejándolos en la informalidad sin derechos, y que mantiene a los formales con bajos salarios porque reduce la demanda de trabajo formal. Tendría el monopolio de ese discurso porque por mojigatería política nadie se atreve a tomar esa bandera, pese a que es profundamente justa. Ofrecería derechos laborales para todos y mejores salarios. ¿Cómo no la toma?
La altísima informalidad es la mayor injusticia estructural que tenemos. El Perú es el país del mundo que tiene más días no laborables al año (vacaciones y feriados) y al mismo tiempo es aquel en el que la personas trabajan más horas al año, según la OCDE. ¿Cómo explicar esa paradoja? Muy fácil: mientras los formales descansan, los informales trabajan 24/7 para venderles bienes y servicios baratos a los formales, que así compensan el alto costo de la formalidad. Es decir, los formales explotan a los informales en un equilibrio de baja productividad. Acabar con eso desregulando profundamente para tener una formalidad inclusiva debería ser la gran causa política.
Es lo que está haciendo Milei en Argentina, que ha aprobado 14 mil desregulaciones y ha logrado que se apruebe en el Congreso la reforma laboral, dando la batalla política con argumentos contra las protestas del peronismo y de la central sindical más poderosa de América Latina. Y su popularidad no baja. Sube. Va a convertir a la Argentina en el país más libre del mundo, para ser el de mayor ingreso per cápita.
Aprendan de Milei.






